No era realmente un partido contra Benín. Era la última vez.
La Albiceleste venció 3-0 a Benín en una noche marcada por la emoción, las ovaciones y el adiós definitivo de Lionel Messi a la Selección Argentina
Hoy se terminó algo que durante más de dos décadas parecía imposible imaginar.
Lionel Messi jugó este martes 6 de octubre su último partido con la Selección Argentina. Hubo fútbol, hubo goles y Argentina venció 3-0 a Benín en el Monumental, pero probablemente dentro de algunos años pocos recuerden demasiado al rival o incluso los detalles del encuentro. Lo que sí quedará será otra cosa: hoy fue la última vez que vimos a Messi vestido de celeste y blanco.
Y decirlo sigue sonando extraño.
Desde aquel joven de 18 años que debutó con Argentina en 2005 hasta el capitán que levantó la Copa del Mundo en Qatar, Messi terminó convirtiéndose en una presencia casi permanente para varias generaciones. Para millones de personas, Argentina simplemente siempre tuvo a Messi. En Mundiales, Copas América, Eliminatorias, amistosos, finales, derrotas y noches inolvidables, el número 10 estaba ahí.
Hoy ya sabemos que no volverá a estar.
El Monumental entendió desde el primer momento que esta noche era diferente. Más de 85 mil personas acudieron al estadio para despedirlo y la emoción apareció incluso antes de que comenzara el partido. Durante el himno, Messi intentó contener las lágrimas mientras las tribunas lo observaban sabiendo que estaban presenciando por última vez una imagen repetida durante 21 años.
Al minuto 10, el fútbol prácticamente dejó de importar. El estadio entero se levantó para ovacionarlo. No era solamente un reconocimiento al futbolista que estaba sobre el césped, sino una forma de agradecer todo lo vivido alrededor de él.
Porque despedir a Messi también significa despedirse de una época.
De aquella Argentina que pasó años preguntándose por qué Messi no podía ganar con la Selección. De las finales perdidas, de las críticas, de su renuncia en 2016 y de aquel regreso que terminó cambiándolo todo. Después llegaron la Copa América de 2021, el Mundial de Qatar 2022 y otra Copa América en 2024. La relación entre Messi y Argentina, durante mucho tiempo complicada, terminó convertida en una historia de cariño absoluto.
Quizá por eso sus palabras antes del partido tuvieron tanto peso.
“Me voy en paz, dejé todo”, expresó Messi horas antes de entrar al Monumental. Y después agregó una frase todavía más personal: “Esta camiseta fue mi sueño, mi orgullo y mi vida”.
En realidad, después de todo lo que ocurrió, parece difícil encontrar una mejor manera de resumir su despedida.
Messi no necesitaba demostrar nada esta noche. No necesitaba ganar otro título, romper otro récord ni marcar otro gol. Sin embargo, el fútbol quiso regalarle una última escena.
Argentina ganó 3-0 y el número 10 volvió a ser protagonista. Primero asistió a Nicolás Otamendi para abrir el marcador, después participó en el segundo tanto con otra asistencia para Nico Paz y, a los 26 minutos del segundo tiempo, llegó el momento que todos esperaban: penal para Argentina.
Messi tomó la pelota.
Durante unos segundos, el Monumental volvió a vivir una escena que ha visto tantas veces. El número 10 frente al balón, miles de teléfonos levantados y un estadio esperando.
Gol.
El último gol de Lionel Messi con la Selección Argentina llegó precisamente el día de su despedida. La clavó en el ángulo y sus compañeros corrieron a celebrarlo casi como aficionados, conscientes de que ya no habría otro después de ese.
Pero incluso ese gol terminó siendo secundario.
Porque hoy no se trataba realmente de Argentina contra Benín. Se trataba de mirar por última vez una camiseta con el 10 y el apellido Messi en la espalda sabiendo que, cuando terminara el partido, una de las imágenes más reconocibles del fútbol moderno también pasaría a ser un recuerdo.
Messi se despide después de 21 años defendiendo a su país. Se va campeón del mundo, bicampeón de América, máximo goleador de su selección y después de haber recorrido probablemente el camino más difícil que podía tener con Argentina: pasar de ser cuestionado por una parte de su propio país a terminar siendo despedido por un Monumental entero puesto de pie.
Y quizá ahí esté lo más especial de esta noche.
No fue solamente la despedida del mejor futbolista de una generación. Fue el cierre de una historia que muchos vimos desarrollarse prácticamente desde el principio.
Los niños que comenzaron a verlo jugar hoy son adultos. Los que alguna vez discutieron si podía convertirse en el heredero de Maradona terminaron viéndolo levantar una Copa del Mundo. Y una generación que creció acostumbrada a buscar el número 10 cada vez que Argentina entraba a una cancha tendrá que acostumbrarse, por primera vez, a no encontrarlo.
El fútbol seguirá. Argentina seguirá. Aparecerán nuevos jugadores, nuevos ídolos y nuevas historias.
Pero algunas cosas simplemente no se reemplazan.
Hoy Lionel Messi jugó por última vez con Argentina.
Y recién a partir del próximo partido empezaremos a entender realmente lo que significa.