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Persiguiéndose la cola

Claroscuro.

Por José Francisco Lopez Vargas · 12/07/2022 00:00
Persiguiéndose la cola

Claroscuro, por: Francisco López Vargas. 

Cuando el PAN sucedió al PRI en el 2000, muchos mexicanos se limpiaron la frente porque se percataron que la sociedad había logrado ganar una batalla a la hegemonía tricolor que llevaba desde 1946 gobernando al país como hoy se le conoce, aunque el PNR nació en 1929 y evolucionó a PRM en 1938.

Durante 70 años, el PRI mantuvo la presidencia de la República bajo la égida de un presidente que podía elegir a su sucesor en una facultad metaconstitucional que lo hacía líder absoluto del partido en el gobierno al que no se le discutía.

Desde entonces, el gobierno de partido tuvo la facultad de abrir las válvulas para reducir la presión social y los deseos de muchos ciudadanos de participar en política.

Hoy, ante la crisis que vivimos precisamente porque los partidos políticos han privilegiado los beneficios a sus dirigentes más que a sus militantes y a la sociedad, urge su reconversión y la alianza con la sociedad, esa que se equivocó al votar por López Obrador en 2018.

El error no sólo debe revertirse porque hoy en México se discuten temas que ya creíamos superados. El más reciente tiene que ver con el aborto, derecho de las mujeres que el presidente ya cabildea en la Suprema Corte para revertir los beneficios que la sociedad había logrado en ese tema crucial que él evitó reconocer cuando fue jefe de gobierno y que se logró tan pronto dejó ese cargo, en 2007.

El tema no es menor. En el México de la 4T los mexicanos debemos de luchar porque hay intentos, no han logrado pasar, de acabar con la propiedad privada, se está proponiendo una militarización absoluta al convertir a la Guardia Nacional en un apéndice militar, se quiere desconocer al INE y convertir los procesos electorales en temas de control del gobierno y una serie de medidas atrabiliarias que ya habíamos logrado superar desde que la oposición le quitó la mayoría legislativa al PRI en 1997.

El hartazgo ciudadano está tomando forma en una alianza opositora que, si la sociedad no se activa, dejará que los liderazgos partidistas sigan quedándose para ellos las candidaturas sin voltear a ver a una sociedad que los ve muy lejanos y que esa distancia se ha convertido en la crisis de partidos que llevó a Morena a ganar las elecciones.

Los temas son cruciales. El mundo está despidiéndose, gracias a las nuevas generaciones, de los partidos tradicionales que han sufrido derrota tras derrota en el mundo, dándole vida a nuevas expresiones políticas de reciente creación.

El pasado fin de semana, nació como Asociación Civil el Frente Cívico Nacional que pretende coordinarse con los partidos políticos para sacar candidatos que se sometan al escrutinio ciudadano en pro de campañas y elecciones primarias previas a la constitucional, que permitan encontrar a quienes la sociedad vea como mejor opción para competir contra las corcholatas que López Obrador puso en campaña.

La realidad es que la precampaña de Morena obedece más a la necesidad de desviar la atención del accidente de la línea 12 del metro, que golpea directamente a Claudia Sheinbaum por no darle mantenimiento que a una necesidad real de poner a sus aspirantes a recorrer el país en espera de que la “dedo-encuesta” se decida por Claudia, ya placeada como la favorita, o Adán Augusto, el hombre de la confianza plena del presidente.

Los intentos de desviar la atención a la falta de resultados del actual gobierno no sólo lo han llevado a exponer su juego con sus “corcholatas” sino a inaugurar obras inconclusas como el Aeropuerto Felipe Ángeles o la refinería Olmeca, en Dos Bocas, Tabasco.

Con los resultados adversos en la Ciudad de México y la pérdida de posiciones en el Congreso después de las elección del año pasado, el presidente tiene claro que si se le puede ganar a su partido y precisamente por ello ha elaborado un entramado de eventos y de discursos que intentan desviar el tema de los resultados de su gobierno. Un buen gobierno no necesariamente da votos, pero uno malo si los quita.

Desesperado y del humor, López Obrador ha emprendido una campaña de desprestigio contra los presidente de los partidos opositores al extremo de reabrir en lo local, en el gobierno de Layda Sansores, un expediente contra Alejandro Moreno que ya había sido exonerado por la Fiscalía General de la República luego de las denuncias por enriquecimiento inexplicable de Ulises Ruiz, ex gobernador de Oaxaca.

Las explicaciones son endebles, porque si bien el delito existe a nivel local, el enriquecimiento inexplicable tiene ámbito tanto local como federal, pero es un delito más bien para generar escándalo porque ya en el proceso se caen los argumentos porque es técnicamente muy difícil de acreditar. Las acusaciones sirven más para amedrentar y enlodar que para hacer justicia.

Si la Alianza no hubiera dañado a la 4T en sus expectativas electorales ¿para qué visibilizar a Moreno si lo que más les interesaría es disminuirlo y hasta ignorarlo?

Los ataques de Osorio tienen más que ver con el pacto de López Obrador con Peña Nieto que con la legitimidad del senador de querer ser dirigente del partido.

El hartazgo social está latente y por ello la andanada de una gobernadora que hace apología del delito y lo promociona todos los martes para desviar la atención ante los resultados inexistentes a una decena de meses de su toma de posesión y a un mes de su primer informe.

¿Hasta dónde llegarán Layda y López Obrador con sus artificios para evitar que se les cuestione? Al tiempo…

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