Opiniones

Que mala época para odiar a Messi

Hay partidos que uno prende para ver fútbol y termina viendo historia

Por Rodrigo Menéndez Gaber · 7/7/2026 16:37
Que mala época para odiar a Messi

Hay partidos que uno prende para ver fútbol y termina viendo historia. El día de hoy estaba tranquilamente en la oficina cuando recordé que a las 10 de la mañana jugaban Argentina y Egipto. La realidad es que soy, sin demasiada vergüenza, un amante de Lionel Andrés Messi. Por eso puse el partido con miedo.

¿Por qué con miedo? Porque justo ayer hablaba con un amigo y le dije: “Dios no lo permita, pero te prometo que Egipto puede sacar mañana a Argentina”. Y la verdad, como amante de Messi y, por consiguiente, del Barcelona, voy a muerte con él en todo. Claro, después de la selección mexicana.

Argentina contra Egipto parecía, durante muchos minutos, la tarde perfecta para una tragedia deportiva: el campeón del mundo contra las cuerdas, Messi incómodo, Egipto jugando paseando a Argentina y el marcador de un partido que parecía sentenciado.

A la mitad del partido no me lo podía creer y, al mismo tiempo, sí. Egipto iba 2-0 arriba, había tenido un gol anulado y Argentina no tenía pinta de encontrar una respuesta distinta. El partido estaba donde Egipto quería: incómodo, físico, desesperante. Los actuales campeones del mundo estaban contra las cuerdas, no lograban terminar ninguna jugada, los agarraban muy mal parados en la contra y todo el equipo se desentendía de sus responsabilidades.

Ahora mismo todavía me cuesta explicar lo que pasó. Después de su actuación en Catar 2022, yo pensaba que nada más podía sorprenderme del 10 argentino. Ya decía: bueno, es Messi. Pero lo de hoy fue otra cosa. No tengo palabras. Estoy sin voz de gritar su gol, el del empate, porque hay momentos que simplemente no se analizan; se viven.

Egipto aplastaba a Argentina desde el planteamiento. Hizo mejor muchas cosas, entendió mejor el partido y le ganó durante largos minutos la batalla táctica a Lionel Scaloni. Pero bastaron poco más de 10 minutos para que Lionel desmontara toda la obra que Egipto había construido.

Alrededor del minuto 75 empezó a aparecer donde más daño hace: abierto, suelto, separándose de su marca, buscando ese espacio que solo él parece ver antes que todos. Primero avisó. Después Argentina encontró vida. Y cuando parecía que el partido ya se le escapaba al campeón, Messi volvió a hacer eso que ha hecho toda su carrera: convertir lo imposible en algo cotidiano.

Pobre Egipto. Planteó mejor el partido, compitió con una dignidad enorme, puso contra las cuerdas a los campeones del mundo y estuvo a nada de firmar una de las grandes sorpresas del Mundial. Pero enfrente estaba Messi. Y contra Messi, incluso hacer todo bien a veces no alcanza.

Es una absoluta barbaridad. Creo que todavía no medimos la grandeza y la influencia de este señor en el deporte más visto del planeta. No se puede explicar del todo cómo ganó Argentina hoy. Tal vez por eso el fútbol nos gusta tanto: porque hay partidos que desafían la lógica y jugadores que parecen vivir por encima de ella.

Lo peor, o quizá lo más curioso, es que todavía hay gente que no lo disfruta. Hay gente que lo sufre, que lo niega, que lo llora. Qué mala época para odiar a Messi. Este hombre hace lo que quiere con la pelota en los pies, sigue apareciendo cuando todo parece perdido y continúa regalando capítulos que ya no deberían existir a estas alturas de su carrera.

A los 39 años, sigue siendo el centro de Argentina. En este Mundial ha cargado a su selección de una manera que parecía imposible después de Catar 2022. Y decir eso ya es muchísimo. Argentina sin él parece otro equipo; para mi que se quedaba afuera en fase de grupos.

Fuera de todo eso, qué partidazo. Una remontada increíble, el mejor de la historia en cancha, un encuentro de ida y vuelta, un gran equipo de Egipto y un entrenador que durante gran parte del juego le ganó tácticamente la partida a Scaloni. Este partido se queda en la historia como una gran hazaña argentina, sí, pero también como una despedida dignísima para Egipto, que se va de la Copa del Mundo con la cabeza arriba.


Que lagrimas las del 10, que locura lo que sigue haciendo este hombre, unos dirán que hacen trampa, que los ayudan o lo que sea, los que prendemos la televisión sabemos como es en realidad.

Doy gracias a la vida por haber tenido la oportunidad de ver toda la carrera del 10. Pero agradezco todavía más poder verlo cerrar su historia haciendo lo que siempre quiso: triunfar con Argentina. Un día me hizo feliz a mí en el Barcelona; hoy toca alegrarse porque hace feliz a su gente.

Gracias, Leo, por todo. Y gracias, sobre todo, por tanto fútbol.

 


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