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Riesgos

Claroscuro.

Por José Francisco Lopez Vargas · 11/10/2019 00:00
Riesgos

Claroscuro, por: Francisco López Vargas.

Algo se está haciendo bien en Yucatán. La semana que termina el gobernador Mauricio Vila Dosal fue ranqueado como el mejor gobernador del país en una encuesta de Consulta Mitofsky que se suma a las anteriores que acreditan la popularidad de quien gobierna el estado.

Esta misma semana, la capital yucateca, Mérida, gobernada pro Renán Barrera Concha, ha sido nombrada la mejor ciudad del mundo para vivir, sobre la canadiense Québec y la italiana Florencia. Antes, en 2017, la ciudad estaba entre las cuatro mejores ciudades. El trabajo se ha hecho, pero no sólo es lo que ha pasado en estos diez meses de las nuevas autoridades.

No es extraño que el estado y la capital sean declaradas en los primeros sitios de seguridad, de inversión, de facilidades para las empresas que desean asentarse aquí. Yucatán y Mérida están creciendo sobre la media nacional y si en el resto del país, contadas excepciones, la economía se ha desacelerado y se pierde competitividad, eso no sucede en estas tierras.

El reto siempre será sostenerse, mantenerse con esa percepción y acelerar el paso si no queremos que las políticas federales afecten lo que aquí pasa.

Esa responsabilidad la tienen en primer lugar, el gobernador Vila, y enseguida el alcalde Barrera que gobierna la ciudad más grande del estado.

Usted pensará que esos números son excelentes y se deben a que hay una plena coordinación entre el edil y el ejecutivo estatal porque los dos son del mismo partido. Renán sentó las bases en su primer periodo y Vila no lo descuidó lo en ese nuevo periodo municipal panista, que se inicia cuando Barrera recupera la alcaldía en manos del PRI vía Angélica Araujo. Los errores se enmendaron sin escándalo.

Por desgracia, el alcalde y el gobernador hoy no se dirigen la palabra. Y si bien Vila ve en Barrera a un adversario para su proyecto personal y el alcalde igual, la realidad es que los éxitos del panismo en este nuevo sexenio dependerán de lo consolidado que llegue el PAN a las elecciones intermedias y más al cambio de gobierno de 2024.

En 2007, Patricio Patrón trató de imponer a Xavier Abreu Sierra como su sucesor y si bien logró hacerlo candidato, con el apoyo del presidente Felipe Calderón y del secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, la derrota fue estrepitosa ante la sobrina de Víctor Cervera Pacheco, Ivonne Ortega. Fui testigo presencial y hasta opiné al respecto.

Años antes de la elección, Xavier estuvo en medio de un escándalo de corrupción cuando era secretario de Desarrollo Social desde donde presumió, dos años antes, que sería el próximo gobernador, en una reunión con migrantes en California. Su postulación provocó una ruptura al interior del panismo y provocó una división que terminó en su derrota.

En la tradición política mexicana, esa que fundó el PRI, se habla de que el gobernador es el líder político de su partido durante su gestión, precisamente como reconocimiento a su triunfo electoral y es precisamente ahí donde el PAN ha cometido los mismos errores al tratar de imponer a un candidato oficial, en lugar de respetar su tradición de elegirlo en asamblea.

En la historia reciente de este país, los candidatos oficiales están condenados a la derrota. Mauricio Sahuí y Víctor Caballero eran vistos así por la gente y a pesar de los buenos números de Rolando Zapata, éste no logró que sus números se trasladaran a sus candidatos.

En la relación entre el alcalde y el gobernador yucatecos, no se ve la historia, no se le hace caso precisamente porque quien gobierna paulatinamente pierde el piso, lo rodean sus más cercanos y le aportan argumentos que lo hacen sentir que siempre tiene la razón y sus decisiones se acatan, sean sólidas o no.

La mancuerna electoral que conformaron Renán Barrera y Mauricio Vila debería ser la prioridad no sólo consolidarla sino darle fortaleza. Que los ciudadanos vean a sus autoridades juntos, que los vean resolviendo los temas que les conciernen precisamente porque se viven tiempos en los que la certeza electoral es muy frágil, sobre todo en temas federales.

El gobernador debe tener claro que necesita a todos y que todos son esa fortaleza y precisamente por ello él debería ser el fiel de la balanza, el equilibrio político, la autoridad a la que todos acuden cuando hay divergencias, cuando hay diferencias. Ser el líder del Estado no sólo de su partido.

El gobernador, sé que suena romántico y casi imposible, debe tomar decisiones importantes con los dirigentes de su partido, ver encuestas, ver números y como buen empresario que ha sido, equilibrarlos con pros y contras para no errar en las decisiones, pero sobre todo abstenerse de tirar línea, de inclinarse por sus afectos, de ser parcial.

El alcalde, por su parte, debe ser la persona más sólida si pretende ser candidato a reelegirse como vía para luego ser candidato a la gubernatura. Él debe cuidar a sus cercanos para que no se desboquen, para que no haya malos entendidos y menos signos equívocos que puedan malinterpretarse.

El alcalde ha hecho un excelente trabajo y Vila lo continuó y hoy de nuevo Renán lo consolida mientras Vila hace muy bien su papel de gobernador.

Hoy, ambas autoridades quizá tengan intereses que difieren, pero si lograron ganar sin objeciones, deben logran remontar sus diferencias y consolidar a Yucatán y Mérida, en lo particular, como centros de atención nacional no sólo en armonía, sino en desarrollo.

Hoy, cuando el PAN se erige como el gran enemigo de la 4T en el país, el gobernador y todas las autoridades de oposición a su gestión no pueden caer en el garlito de que el trato va a resolver las diferencias porque ese trato, en este caso, se refleja en el presupuesto, en las aportaciones federales. Respaldo político jamás lo tendrán.

Por el contrario, el presidente está usando todo el presupuesto de la república para comprar electores, para comprar clientelas políticas y para ello ahogará a estados que gobierne quienes se le oponen.

El gobierno de Patricio Patrón disminuyó la pobreza de 62.4% de la población, número que dejó Víctor Cervera Pacheco, a 51. 8 % con lo cual arrancó el siguiente gobierno y la pobreza alimentaria bajó de 35.1% a 13%.

Patrón permitió que hubiera la corrupción por la que se denunció a Xavier Abreu para protegerlo y hacerlo su candidato. La permitió en algunos de sus hermanos y colaboradores. Esa experiencia no puede ni debe repetirse aquí. Demasiados años de tener candidatos impuestos desde el poder político. Eso debe cambiar.

El proyecto siempre debe ser Yucatán.

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