Quintana Roo

Santo Domingo exige a Lázaro Cárdenas cumplir promesa de domo tras 22 años sin cancha

La obra, prometida para octubre de 2025 por el alcalde Nivardo Mena, sigue paralizada pese a mediciones topográficas realizadas por la Seop

Por La Revista Peninsular · 01/11/2026 09:55
Santo Domingo exige a Lázaro Cárdenas cumplir promesa de domo tras 22 años sin cancha

La comunidad rural de Santo Domingo, en el municipio de Lázaro Cárdenas, acumula 22 años sin infraestructura deportiva adecuada por la falta de respuesta del Ayuntamiento y del Gobierno de Quintana Roo, denunció la subdelegada Leticia Galas Cetina.

El rezago afecta directamente a la juventud del poblado, que carece de un espacio seguro para el deporte y queda expuesta a riesgos viales, mientras las autoridades comunitarias advierten que la inacción oficial agota los canales institucionales y acerca a los vecinos a medidas de protesta pacífica.

La antigua cancha deportiva de Santo Domingo fue destruida hace 22 años por el paso de maquinaria durante la construcción de una carretera, y el terreno se convirtió después en un depósito de escombros, según relató Galas Cetina.

En una audiencia pública estatal celebrada en 2025, la subdelegada presentó ante la Gobernadora de Quintana Roo un expediente fotográfico sobre el deterioro del sitio, y tanto el Gobierno estatal como el alcalde Nivardo Mena se comprometieron a construir un domo y rehabilitar la cancha para octubre de ese año. Personal técnico de la Secretaría de Obras Públicas acudió al poblado a realizar mediciones topográficas, pero la obra nunca inició.

Ante el silencio del Ayuntamiento y la falta de avance estatal, los pobladores destinaron recursos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social Municipal (Faispiam) de 2025 para levantar una cancha pequeña, que quedó inconclusa y en obra negra, sin pintura, gradas ni señalización.

El espacio improvisado se ubica en el parquecito central del poblado, junto a la vía principal y la delegación, por lo que los balones rebotan con frecuencia hacia la carretera de tráfico pesado o hacia el templo contiguo, un riesgo constante para los menores que lo usan.

Habitantes y autoridades comunitarias cuestionan la utilidad de las audiencias públicas si los compromisos verbales no se traducen en obras, y mantienen abierta la posibilidad de manifestaciones para exigir el cumplimiento de lo prometido.

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