Nacional

Sheinbaum y Felipe VI se reúnen en México tras tensión por la Conquista

La relación entre México y España nunca se rompió del todo, pero sí atravesó uno de sus momentos más fríos desde que Andrés Manuel López Obrador envió en 2019 una carta al rey Felipe VI y al papa Fran

Por LaRevistaP · 26/06/2026 12:03
Sheinbaum y Felipe VI se reúnen en México tras tensión por la Conquista

La relación entre México y España nunca se rompió del todo, pero sí atravesó uno de sus momentos más fríos desde que Andrés Manuel López Obrador envió en 2019 una carta al rey Felipe VI y al papa Francisco solicitando una disculpa por los abusos cometidos durante la Conquista. España rechazó entonces el planteamiento, y desde ese momento el tema dejó de ser únicamente histórico para convertirse en un asunto político y diplomático.

Claudia Sheinbaum heredó esa posición, pero también entendió algo fundamental: una nación puede defender su dignidad histórica sin cancelar sus puentes con el mundo. Por eso este encuentro importa. Porque no significa renunciar al reclamo de memoria, sino darle una salida institucional.

La presidenta mexicana ha insistido en la necesidad de reconocer la grandeza de los pueblos originarios y los agravios cometidos durante la colonización. Ese punto no es menor. Durante siglos, la historia oficial se contó desde la mirada de los vencedores. México, en cambio, ha comenzado a exigir que también se escuche la voz de quienes fueron despojados, sometidos y silenciados.

Pero también España tiene un papel central en el presente de México. Los vínculos económicos, culturales, familiares y políticos entre ambos países son demasiado profundos como para quedar atrapados únicamente en el agravio. Millones de historias personales unen a las dos naciones. Empresas, universidades, artistas, escritores, migrantes y familias han construido una relación que va mucho más allá de los gobiernos.

Por eso la reunión entre Sheinbaum y Felipe VI tiene una lectura doble. Por un lado, representa el reconocimiento de que el pasado no puede ignorarse. Por el otro, confirma que el futuro exige diálogo, madurez y sentido de Estado.

El Mundial ofreció el escenario perfecto para este gesto. El fútbol, con toda su carga simbólica, permitió un acercamiento menos rígido, más humano y menos condicionado por la solemnidad diplomática. Mientras España se prepara para jugar en Guadalajara, México aparece nuevamente como anfitrión del mundo y como país capaz de colocar sobre la mesa temas históricos sin romper la convivencia internacional.

La política exterior de Sheinbaum parece buscar precisamente eso: firmeza sin estridencia, memoria sin aislamiento, dignidad sin ruptura. Es una línea delicada, pero necesaria.

El encuentro no borra cinco siglos de historia ni resuelve de un día para otro las diferencias acumuladas. Tampoco implica que España haya respondido plenamente al reclamo mexicano. Pero sí abre una puerta. Y en diplomacia, abrir una puerta después de años de tensión ya es un mensaje poderoso.

México no debe renunciar a exigir reconocimiento histórico. España no debe temer a una conversación honesta sobre su pasado imperial. Ambos países tienen la oportunidad de construir una relación más adulta, menos defensiva y más consciente de lo que comparten.

Al final, el verdadero valor de esta reunión no está en la fotografía, sino en lo que representa: la posibilidad de que dos naciones unidas por la historia puedan hablar de sus heridas sin quedar prisioneras de ellas.

Porque la memoria no sirve para alimentar rencores eternos. Sirve para mirar de frente el pasado, corregir silencios y construir un futuro con más respeto.

Ese es el desafío que ahora tienen México y España.

Ver en La Revista Peninsular →
© 2026 La Revista Peninsular