Opiniones

Un nombre que nadie pudo callar

Cuatro décadas de periodismo independiente en Yucatán: la historia familiar que ningún poder pudo silenciar

Por Eduardo Ruiz-Healy · 24/9/2026 09:01
Un nombre que nadie pudo callar

Cuando Eduardo Menéndez Rodríguez fundó La Revista Peninsular, el nombre no fue casual. Provenía de una tradición periodística iniciada el 1 de enero de 1869 con La Revista de Mérida, periódico que su abuelo, don Carlos R. Menéndez González, dirigió desde 1906 hasta que el gobierno de Yucatán se apoderó de él y lo encarceló por ejercer un periodismo independiente. En 1912 fundó La Revista de Yucatán y, en mayo de 1924, una turba protegida por el poder destruyó sus talleres. Un año después volvió a empezar y, el 31 de mayo de 1925, apareció el primer número del Diario de Yucatán. Era la sexta vez que emprendía un periódico. Décadas después, Eduardo Menéndez Rodríguez retomó esa tradición familiar al fundar La Revista Peninsular. Tras su muerte, el 31 de enero de 2000, su hijo Rodrigo Menéndez Cámara asumió la dirección y, durante más de 25 años, ha mantenido vivo el semanario, que suma más de 1,900 ediciones y hoy se publica tanto en papel como en medios digitales. Mantener durante 40 años un semanario independiente dedicado al análisis político en la Península de Yucatán no es fácil, sobre todo cuando se compite con periódicos que disponen de mayores recursos, redacciones y tirajes. Para lograrlo se necesitan constancia, oficio, independencia y lectores que valoren un periodismo que no busca quedar bien con el poder. Para quienes creemos que una función esencial de la prensa es vigilar al poder y señalar sus errores, la permanencia de La Revista merece reconocimiento. Me honra formar parte de su historia. Felicidades a Rodrigo Menéndez Cámara y a todo el equipo de La Revista por estos 38 años. Que el futuro de este semanario sea tan firme y valiente como su pasado; que cada nueva edición prolongue la defensa de la libertad de prensa que don Carlos R. Menéndez González sostuvo hace más de un siglo, y que La Revista siga demostrando, generación tras generación, que ninguna presión puede silenciar a un periodismo decidido a servir a sus lectores y a la verdad.

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