Uno. Otro.
Por: Cristina Padín
Por: Cristina Padín
Uno llegó temprano. Amante de la lectura y el mar, clásico en vaqueros y azul. Educado. Y saludó a cada persona, y mostró sonrisa muy amable y franca. Preparó su intervención a conciencia y apareció con una carpeta en la que había unas veinte hojas. Poseía soltura y tablas al hablar. Experiencia amplia.
Otro llegó veinte minutos tarde. Apareció de broncas maneras, arrogante y como si fuera uno de esos reyes de cuentos infantiles con carroza y privilegios. Vestido sin clase. Con escasa habilidad social, no supo responder a los saludos. Rompió a hablar con prepotencia y sin demasiada seguridad en lo que decía.
Uno convenció. Gustó. Su conferencia fue en verdad muy buena. Aportó datos. Solvencia. Introdujo una cita taurina, dos versos de un famoso soneto, aludió a un cuadro. Sonreía. Agradeció la ovación y contestó a toda pregunta. Cómodo y humilde. Valiente.
Otro únicamente gustó a los que apenas entendían nada. Seres con preparación muy pobre, sin referentes de ninguna clase. No aportaron nada sus palabras. Gritó y nunca ofreció un gesto amable. No quiso responder preguntas. Endiosado y absurdo. Al primer conferenciante le otorgaron cien votos. La mayoría prefería seguir recibiendo aquellas clases tan perfectas y llenas de contenido.
Al segundo conferenciante le votaron once personas, lo hubieran hecho igualmente si hubiera permanecido en silencio. Seres sin decisión y con poca formación...
Y, así, ocurre también en la vida
Metáfora de tiempos actuales
A los valientes
A la cultura y al arte
A Carlos
A mi querido Luis
Al toreo
A mis queridos M (somos 4), B y M, JM, A..
En espera de acudir pronto a escuchar discursos interesantes
A personas con criterio