Yucatán

Víctor Cervera y Luis Felipe Saidén: la alianza que sentó las bases de la seguridad en Yucatán

Desde los años 80, Cervera y Saidén forjaron un modelo de seguridad pública en Yucatán que resistió cambios de partido y sobrevivió a seis gobiernos consecutivos.

Por La Revista Peninsular · 26/8/2026 08:43
Víctor Cervera y Luis Felipe Saidén: la alianza que sentó las bases de la seguridad en Yucatán

Hablar de la seguridad pública de Yucatán durante las últimas décadas obliga a detenerse en dos nombres: Víctor Cervera Pacheco y Luis Felipe Saidén Ojeda. Dos personajes de perfiles distintos, pero cuya relación política y operativa terminó construyendo una fórmula que sobrevivió a gobiernos, partidos y coyunturas.

La historia de la seguridad yucateca contemporánea difícilmente puede entenderse sin esa simbiosis.

Cervera era un político de territorio. Entendía el poder desde el contacto con los municipios, las organizaciones sociales, los liderazgos locales y una red política que le permitía conocer lo que ocurría prácticamente en cada rincón del estado. Para él, mantener la estabilidad social era una condición indispensable para gobernar.

Saidén representaba el complemento operativo: disciplina, mando, información, presencia territorial y una concepción de la seguridad basada en la prevención y en el conocimiento de lo que sucede en las calles antes de que los problemas escalen.

El encuentro entre política y seguridad

Luis Felipe Saidén Ojeda comenzó su carrera con Cervera en la Ciudad de México en los 80as, luego de una muy larga relación de trabajo llegó a encabezar la seguridad pública estatal durante el segundo gobierno de Víctor Cervera Pacheco, iniciado en 1995. Ahí comenzó a consolidarse una relación que tendría consecuencias mucho más allá de aquel sexenio.

Cervera entendió que la seguridad no podía administrarse únicamente reaccionando frente al delito. Necesitaba información, control territorial, coordinación y una corporación con capacidad de anticipación.

Y Saidén encontró el respaldo político necesario para construir ese modelo.

No se trataba solamente de patrullas o policías. La apuesta era mantener presencia permanente, conocer las regiones del estado, identificar rápidamente conflictos y fortalecer una estructura de seguridad con mando definido. Cervera aportaba la decisión política; Saidén, la ejecución.

Un modelo que sobrevivió al propio cerverismo

La mejor prueba de que aquella fórmula trascendió a sus protagonistas políticos ocurrió cuando el PRI perdió por primera vez la gubernatura de Yucatán en 2001.

Con la llegada del panista Patricio Patrón Laviada terminó el gobierno de Cervera y Saidén dejó la seguridad pública estatal. Sin embargo, su carrera continuó en Quintana Roo, donde encabezó la seguridad en la presidencia municipal de Benito Juárez con Chacho García Zalvidea como presidente y durante el gobierno de Félix González Canto. Su regreso a Yucatán llegaría en 2007, con la administración de Ivonne Ortega Pacheco.

Desde entonces ocurrió algo poco frecuente en la política mexicana: Saidén permaneció como responsable de la seguridad estatal a través de gobiernos de diferentes partidos.

Estuvo con Ivonne Ortega y Rolando Zapata, ambos del PRI; permaneció durante el gobierno panista de Mauricio Vila y continuó con el asenso de Morena al poder encabezado por Joaquín Díaz Mena.

Los gobernadores cambiaron. Los partidos cambiaron. Saidén permaneció.

Eso convirtió a la seguridad pública en una de las pocas áreas del gobierno yucateco donde la continuidad institucional terminó imponiéndose sobre la lógica tradicional de sustituir funcionarios cada seis años.

Cervera entendió algo antes que muchos

Una parte importante del legado político de Víctor Cervera fue comprender que la seguridad debía colocarse por encima de algunas disputas políticas.

Su estilo de gobierno podía ser polémico, vertical y profundamente ligado al viejo sistema priista, pero conocía como pocos el territorio yucateco y entendía que la estabilidad era uno de los principales activos del estado. Saidén llevó esa visión al terreno policial.

Con los años, aquella estructura fue modernizándose. Llegaron nuevas tecnologías, cámaras, centros de monitoreo, sistemas de comunicación, nuevas unidades y una coordinación cada vez mayor con fuerzas federales y municipales.

El Yucatán de 2026 evidentemente no es el Yucatán de 1995. Tampoco lo son sus amenazas ni las herramientas disponibles para combatirlas. Pero detrás de esa evolución existe un principio que ha permanecido: continuidad, información, presencia territorial y mando.

La seguridad como política de Estado

Probablemente ahí se encuentre la mayor aportación de aquella relación. Cervera y Saidén ayudaron a construir una idea que después fue asumida incluso por adversarios políticos del cerverismo: la seguridad de Yucatán debía conservar continuidad independientemente del partido que ocupara el Palacio de Gobierno.

Mauricio Vila, proveniente del PAN, pudo sustituir a Saidén cuando asumió la gubernatura en 2018. No lo hizo. Joaquín Díaz Mena, de Morena, pudo hacer exactamente lo mismo en 2024. Tampoco lo hizo. Esa permanencia habla menos de una persona que de una decisión política colectiva construida durante décadas: no desmontar aquello que funciona solamente porque fue creado o fortalecido por el gobierno anterior.

Yucatán ha convertido la seguridad en uno de sus principales activos para atraer inversión, turismo y nuevos habitantes. Mantenerla requiere mucho más que buenos indicadores; exige instituciones, inteligencia, coordinación y, especialmente, continuidad.

Dos hombres, una misma lógica de poder

Víctor Cervera Pacheco murió en 2004 y no alcanzó a observar hasta dónde llegaría aquella apuesta. Luis Felipe Saidén, en cambio, terminó convirtiéndose en uno de los funcionarios públicos con mayor prestigio, permanencia e influencia institucional en la historia contemporánea de Yucatán.

Sería exagerado atribuir la seguridad del estado exclusivamente a dos personas. Detrás existen miles de policías, mandos, fiscales, militares, marinos, autoridades municipales y ciudadanos que durante décadas han participado en su construcción. Pero también sería difícil explicar el modelo yucateco sin reconocer el punto de partida.

La relación entre Cervera y Saidén fue una simbiosis entre política y operación, entre conocimiento territorial y disciplina policial, entre autoridad política y mando de seguridad.

Cervera encontró en Saidén al hombre capaz de ejecutar una visión de estabilidad. Saidén encontró en Cervera al gobernador que le otorgó el respaldo político para comenzar a construirla. Después llegaron otros gobernadores, otras tecnologías y nuevas estrategias. La estructura evolucionó y se profesionalizó. Pero la semilla quedó sembrada.

Por eso, cuando se intenta explicar por qué Yucatán ha conseguido preservar durante tantos años condiciones de seguridad distintas a buena parte del país, inevitablemente hay que regresar a aquella relación. La seguridad del Yucatán contemporáneo no se puede entender sin Víctor Cervera Pacheco y Luis Felipe Saidén Ojeda. Uno construyó buena parte de la arquitectura política que permitió impulsarla; el otro convirtió esa visión en una política de seguridad que terminó sobreviviendo incluso al sistema político que la vio nacer.

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