La Revista

Obediencia anticipatoria

Germán Martínez Cázares
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Por Germán Martínez Cázares

¿López Obrador ganó, ya, la Presidencia? Una mezcla de inevitabilidad histórica, derrota anticipada, cobardía cívica, cargada política, cuidado de negocios y trasiego de privilegios se siente en el ambiente. El rey se pasea, sus súbditos salen a vitorearlo.

Son varios con ese síntoma del sumiso: el gobernador Velasco de Chiapas y su abuelito le costearon y organizaron en febrero pasado un acto multitudinario a López Obrador. Alfonso Romo lo compara impunemente con el expresidente colombiano Álvaro Uribe y nadie lo desmiente. Muchos empresarios con el “no vaya a ser” o el “más vale” en la boca, tienden puentes por si las canijas dudas. “No fue tan malo” como jefe de Gobierno en el DF, sostienen con resignación.

El senador Barbosa sin complejos ejecutó en lo alto de su circo el vuelo en el trapecio, intentó brincar de la barra horizontal del PRD a la de Morena, pero ¡sin soltarse de ninguna!, (ni del dinero de la coordinación), resultado: armó la tremolina mediática y desnudó al perredismo.

Con la imagen de jefe de Estado -abrigo negro incluido-, el tabasqueño fue a Washington a denunciar en la OEA al presidente Trump por violación a los derechos humanos y nadie reclamó con fuerza la estafa: Estados Unidos no forma parte plena del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Manipula el dolor de los migrantes porque su “denuncia” sirve tanto como “la carabina de Ambrosio”.

Y por si todo fuera poco, el presidente saliente de la Asociación de Bancos dice que no existe “ningún temor” frente a quien hizo su carrera política denunciando con mentiras, las “componendas” de banqueros y empresarios (Alfonso Romo incluido) cuando se aprobó el famoso Fobaproa. Cándidos creen en el maquillaje. ¿Le prestarían dinero para comprar otro rancho en Chiapas, sin garantías?

¿Ya ganó? “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida (de Nueva York) y no perdería votos”, se ufanó Trump en su campaña. ¿No le fallarían sus votos a Andrés Manuel si dispara en Paseo de la Reforma? Quizá. Mientras a León Krauze en Univisión le dijo que para crecer puede limitar las importaciones y no importa si se reducen las exportaciones; a Bloomberg le dijo que apoya la “libertad comercial” y no aplicará aranceles. Toca la música que le piden. ¿Cuál AMLO es el verdadero? En el mundo del “big data” las soberanías nacionales que no conversan entre ellas se condenan en la soledad.

Es una herejía periodística exigirle aclarar sus nexos en Guerrero con los gobiernos manchados con la sangre de estudiantes de Ayotzinapa. Nadie tampoco le cuestiona que en la era de las energías renovables, quiera construir una refinería de petróleo. ¿Es sostenible?

¿Quién le cuestiona su voluntarismo frente a la corrupción? ¿Quién le va a decir que el costo de un avión (seguro es deuda financiera) no alcanza para pagar la educación de todo el país? ¿Mandela igual a Fidel Castro? No exageren ni teman a Trump, decía hace tres meses.

Ignorancia supina evidenció con la promesa de desaparecer el Estado Mayor Presidencial (por cierto, ¿se pueden hacer propuestas? o ¿el INE también claudicó?). Ellos protegen y dan “libertad de decisión” a la “Presidencia”, no al “Presidente”. No son cadetes de fiesta de quinceañera ni “guaruras”. Son contrapeso a la Marina y a la Defensa. Si AMLO conoce la historia como dice, sabría que un buen Estado Mayor es garantía para que el “militarismo” -enfermedad detectada por Madero, al que dice admirar-, no le gane la carrera al poder civil electo por el pueblo; además, Madero murió por descuido presidencial. Necear con desaparecerlo es poner en riesgo a la Presidencia, y colocarla a merced de cualquier policía.

Timothy Snyder, profesor de historia de Yale, acaba de publicar “Sobre la tiranía”, donde enuncia veinte lecciones del siglo XX. La primera: “no obedezcas por anticipado… la mayor parte del poder del autoritarismo le ha sido otorgado libremente… La obediencia anticipatoria es una tragedia política, significa adaptarse instintivamente, sin reflexionar, a una nueva situación”.

Ese “prontismo dócil” no pregunta “qué cambió” en quien presume haber cambiado; es la rana de Esopo, dispuesta a cargar al escorpión, con la simple promesa de que no la picará… ja-ja-ja.

Germán Martínez Cázares
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