En la reciente cumbre de la OTAN celebrada en La Haya el 25 y 26 de junio de 2025, los 32 países miembros alcanzaron un acuerdo histórico: elevar el gasto en defensa al 5 % del PIB para 2035. Este compromiso se desglosa en un 3,5 % destinado a armamento y capacidades militares “durísimas”, y un 1,5 % adicional para infraestructuras críticas, ciberseguridad y movilidad tecnológica .
El presidente de EE. UU., Donald Trump, se adjudicó el mérito de haber impulsado este incremento en los recursos aliados. En sus declaraciones, afirmó que ahora Europa “necesita” a Estados Unidos y calificó el acuerdo como una “gran victoria para Europa y la civilización occidental” .
Sin embargo, no todos los miembros han suscrito plenamente el objetivo del 5 %. España, cuyo gasto en defensa aún no alcanza ni el 1,3 % del PIB, se ha comprometido solo a alcanzar el 2 % —la meta mínima establecida en 2014— y ha solicitado una exención respecto al nuevo tope . Eslovaquia y Bélgica también han expresado ciertas reticencias . Por su parte, Polonia planea llegar al 4,7 % este año, posicionándose como uno de los Estados más comprometidos .
Incertidumbres sobre EE. UU. y el artículo 5
A pesar del acuerdo general, persiste la desconfianza en torno al compromiso real de Estados Unidos con la OTAN. Trump sugirió que las interpretaciones del Artículo 5 —la cláusula de defensa mutua— son “numerosas” y dejaron en duda su aplicabilidad . Tras esas declaraciones, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intentó tranquilizar a los aliados, asegurando que “Estados Unidos está totalmente comprometido” . La declaración final reafirmó el principio de defensa colectiva: “un ataque contra uno es un ataque contra todos” .
No obstante, expertos como Rafael Loss, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, advierten sobre una posible reducción de la presencia militar estadounidense en Europa durante este año, lo que obligaría a los aliados europeos a cubrir los vacíos dejados en el terreno .
Europa acelera el rearme y la autonomía estratégica
Ante esta coyuntura, la Unión Europea impulsa esfuerzos complementarios. En Bruselas, los 27 países miembros acordaron acelerar el rearme militar, aumentar el gasto conjunto y evitar duplicidades, con revisiones periódicas hasta 2030 . El Plan “Preparación 2030” de la Comisión Europea, impulsado por Ursula von der Leyen, prevé movilizar hasta 800 000 millones de euros para fortalecer capacidades conjuntas, especialmente en ciberseguridad, defensa aérea y disuasión nuclear, así como maximizar herramientas financieras como préstamos y flexibilización fiscal .
El debate se traslada ahora al cómo y no solo al cuánto. Analistas advierten que un gasto eficiente, centrado en industria europea, tecnologías de doble uso, autonomía digital y reducción de dependencia militar sobre terceros, será clave para el éxito de esta transformación.
Tensión interna: España y la presión estadounidense
La postura española, liderada por el presidente Pedro Sánchez, ha sido motivo de fricción. Sánchez ha defendido que un gasto del 2,1 % permite alcanzar las capacidades militares comprometidas, sin sacrificar el modelo de Estado de bienestar. La respuesta de Trump —amenazando con presuntas represalias comerciales si España no cumple con el 5 %— acentuó la tensión . El episodio reavivó el debate entre adherencia al bloque militar y autonomía nacional.
Conclusión: un hito con desafíos por delante
La cumbre de la OTAN representa un paso decisivo: por primera vez se fija un objetivo de gasto sin precedentes. No obstante, las brechas de compromiso —entre viejos aliados como España y Estados Unidos— y las dudas sobre el futuro compromiso norteamericano plantean desafíos concernientes a la fiabilidad de la alianza. En este contexto, Europa avanza hacia una mayor autodefensa colaborativa, donde el éxito dependerá tanto de la consistencia financiera como de la capacidad de invertir inteligentemente en tecnologías y capacidades estratégicas.


