Por Alejandro Guerrero
¿Qué tal? Un gusto saludarlos nuevamente en este espacio. Hoy vamos a platicar sobre el comportamiento reciente del tipo de cambio del peso frente al dólar y sus implicaciones para la industria, especialmente para quienes basan su actividad en las exportaciones.
De los picos del COVID a la estabilidad relativa
En 2020, en plena pandemia, el peso mexicano alcanzó niveles históricos de hasta 25 unidades por dólar. Esa cotización no duró demasiado, pero reflejaba la incertidumbre global en torno al comercio, la industria y las cadenas de suministro.
Posteriormente, la moneda mexicana sorprendió con una apreciación importante: dos años después, el tipo de cambio rondaba entre 16.50 y 17.50 pesos. Sin embargo, esa fortaleza no resultó sostenible. Durante el año pasado el dólar recuperó terreno, superando los 20 pesos. Hoy nos encontramos nuevamente en niveles por debajo de 19, con una cotización en torno a 18.65 pesos.
¿Qué significa para las exportaciones?
Para las empresas que exportan, esta paridad representa un reto considerable. Los contratos suelen fijarse en dólares, por lo que una baja en el tipo de cambio se traduce en recibir menos pesos por cada millón de dólares exportado. Mientras que antes podían convertirse 20 o 22 millones de pesos, ahora apenas llegan a los 18.5 o 18.7 millones.
El problema es que, al mismo tiempo, los costos en México siguen aumentando: salarios, insumos, energía y servicios. La inflación interna obliga a las compañías a ser más críticas y analíticas en sus costos de operación, maximizando recursos y buscando eficiencia en cada área.
Tasas de interés y perspectivas
Un factor clave en el futuro inmediato será la política monetaria. La Reserva Federal de Estados Unidos podría reducir sus tasas en los próximos meses. Por su parte, el Banco de México ya ha realizado ajustes a la baja en su tasa de referencia. Estos movimientos pueden generar un rebote en el tipo de cambio.
Para las empresas, la recomendación es clara: explorar instrumentos de cobertura a través de bancos e instituciones financieras que les permitan asegurar hoy un tipo de cambio favorable para sus operaciones futuras.
El peso se mantiene en un rango que, aunque estable a simple vista, implica riesgos para la competitividad exportadora. El reto es adaptarse con visión estratégica, cuidar los costos internos y blindarse con herramientas financieras. La expectativa es que las condiciones mejoren gradualmente, pero la clave será estar preparados para escenarios cambiantes.
Seguiremos atentos a los movimientos del mercado en las próximas semanas y meses, para entender mejor hacia dónde se dirige nuestra moneda y cómo podemos convertir los retos en oportunidades.


