La Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (Sedeculta) presentó la obra editorial “El Bordado Maya de Yucatán: Patrimonio Vivo”, un libro que constituye uno de los mayores reconocimientos que se han hecho a las bordadoras yucatecas, al documentar con textos y fotografías tanto la riqueza estética de sus creaciones como los elementos culturales, simbólicos y sociales que encierra cada pieza. La presentación se llevó a cabo en el Palacio de Gobierno ante la presencia de algunas de las más de 400 mujeres que participaron en la elaboración de esta obra de 277 páginas, concebida como un homenaje en vida para reconocer el papel central de estas artesanas en la preservación de una tradición ancestral. La publicación no solo plasma la belleza del bordado, sino que también recorre los significados vinculados con la identidad, la memoria y la cosmovisión de los pueblos mayas de la región, así como la capacidad de organización colectiva de las mujeres que han trabajado para evitar que esta práctica cultural desaparezca.
Durante el acto, la titular de la Sedeculta, Patricia Martín Briceño, resaltó la importancia de este libro como una obra que honra el valor estético, histórico y simbólico del bordado maya, al mismo tiempo que constituye un testimonio de política cultural que apuesta por el patrimonio como base para el desarrollo con identidad. Subrayó que la obra deja constancia del talento y la maestría de las bordadoras, quienes han sostenido esta tradición y la han convertido en un elemento vivo de la identidad cultural yucateca. La secretaria además participó activamente en la publicación con algunas de las fotografías que integran el libro.
El texto recoge no solo las imágenes de las piezas bordadas, sino también testimonios y relatos que reflejan cómo esta técnica ha sido transmitida de generación en generación, constituyéndose en un medio de expresión cultural y en un sustento económico para muchas familias en municipios de Yucatán. Las bordadoras se han organizado en el llamado Consejo Estatal de Bordadoras, una estructura inédita que ha permitido definir estrategias colectivas para la salvaguarda del bordado maya yucateco, incluidas las acciones del Plan de Salvaguardia que contempla 160 medidas a implementarse en los próximos años para garantizar la continuidad de la práctica artesanal.
Este esfuerzo de preservación y visibilización ha contado con la colaboración de la Unesco, que respalda iniciativas orientadas a fortalecer las capacidades de las artesanas y promover el reconocimiento de esta tradición dentro de las políticas culturales tanto a nivel estatal como internacional. La colaboración se ha traducido en proyectos que promueven no solo la documentación y difusión del bordado, sino también el fortalecimiento de redes de apoyo, capacitación y protección de los saberes ancestrales frente a la apropiación indebida y la pérdida de valor cultural frente a las dinámicas del mercado.
Autoridades y especialistas han destacado que el bordado maya de Yucatán constituye una expresión significativa de la identidad cultural de la región, reflejo de la historia, la creatividad y el patrimonio vivo de los pueblos mayas. Cada puntada no solo adorna una prenda, sino que lleva consigo memorias, prácticas ancestrales y saberes comunitarios que han sido parte fundamental de la vida cotidiana y de las celebraciones sociales y rituales. El libro busca ser además una herramienta pedagógica para que las nuevas generaciones no solo aprendan las técnicas, sino que comprendan el significado simbólico de cada diseño y color, garantizando así que este legado cultural continúe transmitiéndose de manera significativa y respetuosa a lo largo del tiempo.
La presentación de “El Bordado Maya de Yucatán: Patrimonio Vivo” se inscribe en un contexto más amplio de esfuerzos para salvaguardar el arte textil maya, que ha sido reconocido como Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Yucatán y promovido en instancias como la Conferencia Mundial de la Unesco Mondiacult 2025, donde el modelo de salvaguardia y participación comunitaria ha sido destacado como una buena práctica cultural. Con esta obra, el Gobierno del Estado, la Unesco y las propias bordadoras consolidan un homenaje que trasciende lo estético para convertirse en un acto de justicia cultural y reconocimiento a quienes han mantenido viva una de las expresiones más emblemáticas del patrimonio cultural yucateco.


