La presión internacional sobre Nicolás Maduro se intensificó dramáticamente este miércoles, cuando Comité Noruego del Nobel —representado por su presidente, Jørgen Watne Frydnes— lanzó un llamado urgente para que el mandatario venezolano reconozca los resultados de las elecciones de 2024 y dé un paso al costado para facilitar una transición pacífica y democrática en su país.
Durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz 2025 a la opositora venezolana María Corina Machado —quien no asistió al evento pero cuyo galardón fue recibido por su hija—, Frydnes no escatimó en condenar lo que describió como “un régimen que silencia, acosa y ataca sistemáticamente a la oposición”. Denunció torturas, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y alabó la valentía de quienes resisten, incluyendo a Machado, por encarnar la esperanza de un cambio pacífico.
El Comité alertó además sobre la magnitud de la crisis humanitaria y migratoria provocada por el deterioro del país: calculó que más de ocho millones de venezolanos —una cuarta parte de la población— han abandonado su país, huyendo de la represión, el hambre y la violencia estatal. Esta cifra subraya, según Frydnes, que lo que ocurre en Venezuela no es solo una crisis política, sino también una tragedia social con repercusiones globales.
El llamado a la renuncia no se limitó a una simple exhortación: fue un mensaje de urgencia cargado de moral, dirigido no solo a Maduro, sino a la comunidad internacional. El Comité insistió en que la legitimidad del poder emana de la voluntad del pueblo, expresada en votos, no en la imposición de un gobierno que se mantiene por la fuerza, el miedo o la manipulación. Advirtió asimismo que los regímenes autoritarios “aprenden unos de otros”, apuntando a redes de apoyo internacional del gobierno venezolano, lo que convierte el caso en un símbolo de la lucha contra la opresión global.
Este pronunciamiento marca un momento histórico clave en la crisis venezolana, pues representa una declaración pública con peso moral —y simbólico— desde la más prestigiosa institución internacional de paz. Al señalar a Maduro como responsable directo del sufrimiento de millones y exigir su renuncia, el Comité del Nobel pone sobre la mesa la posibilidad de una presión diplomática renovada y un replanteamiento de las relaciones internacionales hacia Venezuela.


