Por: Eduardo Ruíz-Healy.
Twitter: @ruizhealy
Facebook: Eduardo J Ruiz-Healy
Instagram: ruizhealy
Sitio: ruizhealytimes.com
México es “una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por
Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, y por
la Ciudad de México, unidos en una federación establecida según los principios
de esta ley fundamental”(Artículo 40 de la Constitución), en donde “El pueblo
ejerce su soberanía por medio de los Poderes de la Unión, en los casos de la
competencia de éstos, y por los de los Estados y la Ciudad de México, en lo que
toca a sus regímenes interiores…” (Artículo 41 de la misma Constitución).
Además, el Artículo 87 constitucional señala que “El
Presidente, al tomar posesión de su cargo, prestará ante el Congreso de la
Unión o ante la Comisión Permanente, en los recesos de aquél, la siguiente
protesta: ‘Protesto guardar y hacer
guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las
leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de
Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por
el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo
demande’”.
Lo anterior es importante porque pareciera que el
presidente Andrés Manuel López Obrador, olvidando que protestó “guardar y hacer
guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen”, pretende que México,
de ser una república representativa en
la que el pueblo ejerce su soberanía por
medio de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se convierta en una
república en la que dicha soberanía se ejerza mediante marchas y manifestaciones
en donde el Poder Ejecutivo acate lo que supuestamente le ordene el pueblo
bueno y sabio en función del número de personas que se reúnan para marchar y
manifestarse. O sea, lo que la masa exija en un evento que llene el Zócalo de
la Ciudad de México prevalecerá sobre lo que pidan los que acudan a un evento
menos concurrido.
Pareciera que AMLO busca que el poder de las masas de
acarreados y no acarreados sea superior al del Poder Legislativo y que México
deje de ser una república representativa para convertirse en una república
popular en donde se imponga la voluntad del pueblo congregado, voluntariamente
o no, en la mayor plaza del país.
Al anunciar que encabezará una marcha el 27 de
noviembre entrante para defender su propuesta de reforma electoral y de paso
demostrar que más personas lo acompañarán que las que marcharon el domingo
pasado para manifestar su rechazo a dicha reforma y a su gobierno, Andrés
Manuel busca convencer aún más a sus seguidores de que los enemigos de él, de
su gobierno y de la supuesta Cuarta Transformación son, entre otros, los
legisladores de la oposición que fueron democráticamente electos en la jornada
electoral del 6 de junio del año pasado, en donde los ciudadanos decidieron
quitarle la mayoría de dos terceras partes en la Cámara de Diputados y con eso
su poder para reformar la Constitución según sus ideas y caprichos.
Con su marcha del día 27, AMLO pretende restarle poder
al Legislativo federal presionando a los legisladores del PAN, PRD, PRI y MC
para que voten a favor de desaparecer al INE. Ojalá que todos aguanten la
presión y recuerden que son parte de un poder que es igual de importante y
poderoso que el Ejecutivo.


