Todos tenemos tras de sí, historias de gozos y dolor; instantes de amar mucho, y también de querer odiar; momentos de heroicidad, y de lavarnos las manos; alientos de mil sacrificios, y aires que nos desaíran; sin pensar en lo que soy, y he de ser, siempre amor!
Sólo hay que mirar la Cruz, y verse en ella, y por ella, interrogarse y proclamar, el padecer más compasivo, el sentir más esperanzado, el vínculo más deseado, para entrar en comunión, para vivir en comunidad, con la victoria del perdón, y nada de venganza, ¡nada!
Despojémonos de violencias, vaciémonos de voz sin alma, activemos el silencio a diario, hagamos el corazón sin más.
Que sus latidos nos conduzcan, que ellos son la verdadera luz, nos animan y reaniman l ser a tomar el pulso de la vida, a desvivirnos por los demás, y para los demás, ¡en armonía!
Para poder levantar los ojos, se requiere grosor de humilde, tiempo para poder crecer, en el abrazo y en la piedad; y espacio, para volar y vivir. Porque uno tiene que ser uno mismo, para volver a quien dio la vida por todos, para como esclavo, servirnos! y como torturado, ¡redimirnos!
Víctor Corcoba Herrero
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