Por: Cristina Padín.
Se encontraban en una etapa del Camino de Santiago. Eran muchachos normales. De los que estudian, y desean que llegue el fin de semana, de los que besan y frecuentan el botellón, también leían y escuchaban música y soñaban cientos de aventuras.
Unos querían ser médicos, otros escritores..
Narraban unas de las chicas una historia con mentiras como protagonistas. Eran siete las Mentiras… y la Verdad ya se cansó de oír siempre las mismas tonterías.
Tanto como se fatigó de la credulidad de algunas personas. La ceguera mental es terrible!
Buscó a la Verdad Taurina y a la Valentía.
Y fueron tres contra siete. Las tres con su valor acorralaron a las siete. La mentira es pobre de corazón, vulgar y burda. Contra la luz no pudieron hacer nada: la
oscuridad muere cuando hay nitidez. Huyeron. Como cobardes. Lo que eran: falsas y cobardes..
Al profesor y al sacerdote que acompañaban al grupo les encantó el cuento. Y animaron a los jóvenes a atreverse con Quevedo. No el de ahora, el de antes. El
de la literatura. Les invitaron a escribir composiciones burlescas como la de la nariz.
Y en ello estaban. Falsos y mentirosos burlas merecen…
A la verdad
A la valentía
A mi amigo Jm
Al toreo con su verdad, a mi mago, y a Juli
A Isabel Díaz Ayudo: valiente y sincera. Con ganas
A María
A los M
A mi querido Luis
A Carlos
A Quevedo, al de antes y al de hoy
A los adolescentes, qué buena etapa!
A los profesores
A los sacerdotes. Y al de pueblo de mi querida abuela


