Red Bull Racing anunció el despido de Christian Horner como director del equipo y CEO, marcando el fin de una era que comenzó en 2005. La decisión fue tomada en medio de una crisis deportiva e institucional que ha mermado significativamente el desempeño del equipo durante la actual temporada de Fórmula 1, en la que ocupan la cuarta posición del campeonato de constructores, muy lejos de McLaren.
La salida de Horner ocurre tras meses de tensión interna y pérdida de figuras clave como Adrian Newey, Rob Marshall y Jonathan Wheatley. Si bien Horner fue absuelto a principios de 2024 de acusaciones de conducta inapropiada, la situación derivó en una fractura interna que nunca terminó de resolverse. Además, la presión desde el entorno de Max Verstappen, particularmente de su padre Jos, contribuyó al deterioro de su posición. Diversas fuentes indican que el piloto neerlandés cuenta con una cláusula de salida anticipada que podría activarse si el equipo no está entre los tres mejores antes del cierre de julio, lo cual añade incertidumbre al futuro inmediato de Red Bull.
En su trayectoria al frente del equipo, Horner logró 124 victorias, 287 podios, 107 poles, seis títulos de constructores y ocho de pilotos, primero con Sebastian Vettel y luego con Verstappen. El anuncio fue sorpresivo en cuanto a su inmediatez, pero no inesperado considerando la evolución de la temporada.
Laurent Mekies, exjefe de Racing Bulls y con experiencia en Ferrari y la FIA, tomará el relevo como CEO interino a partir del Gran Premio de Bélgica. En Racing Bulls será reemplazado por Alan Permane, veterano ingeniero que anteriormente trabajó en Alpine.
La salida de Horner deja a Red Bull en uno de sus momentos más frágiles en más de una década, con un entorno tenso, un futuro técnico incierto y un proyecto deportivo que parece haber perdido cohesión después de años de dominio.


