Por: Cristina Padín.
…por san Blas la cigüeña verás…
Él era hijo de campesinos, nieto de aldeanos.. Culto y educado. Admiraba el toreo de Juli, los libros de misterios, el por favor al pedir un café, los refranes. Estudiaba mucho, sabía que su familia asumía un esfuerzo intenso con su vida universitaria. Se esforzaba mucho, sus notas eran buenas, leía, iba a misa a veces y no comulgaba nunca, viajaba si podía y…
…se estaba enamorando…
Febrero alargaba las tardes… y los sueños. Y a ella y a sus pestañas infinitas soñar le encantaba. En casa no había problemas. Era dulce con la palabra y agresiva con la mirada, tan salvaje. Era guapa y seductora, culta y amante de la lectura, estudiante notable.. Era atea, tenía un cuaderno de viajes y había anotado ya visitas a cuarenta países.. iba a los toros y al teatro…
Y se enamoraba de él entre besos y sábanas…
Y lo curioso era que los habían unido los refranes. El abuelo de él, gallego, casi hablaba con refranes; la abuela de ella, andaluza, los usaba mucho. Ellos se apuntaron a un coloquio de refranes. Desde entonces… disfrutaban el sol de febrero, que a veces dura un día entero, y en ocasiones se acordaban del brasero… Labios rojos, canciones bailables, amor juvenil…
A los refranes y a mi amada
abuela, que sabía muchos
A la cultura y a la cultura
popular
A los nietos de aldeanos que se
enorgullecen de serlo
A los amores apasionados
A mi Luis
A los M
Al toreo
A mi querido Juli y a su madre
A febrero
A la tradición


