Un informe reciente reveló que el 6 % de la población adulta mundial, es decir, alrededor de 316 millones de personas, consumió drogas ilícitas durante 2023. Este dato, que excluye sustancias legales como el alcohol y el tabaco, pone en evidencia una realidad global que, aunque conocida, sigue siendo minimizada frente a su magnitud y consecuencias.
Las sustancias más consumidas a nivel mundial siguen siendo el cannabis, la cocaína, las anfetaminas y los opiáceos. El informe advierte que el consumo no solo es alto, sino que también va en aumento en varios países, afectando de forma transversal a todas las clases sociales y regiones del mundo. La edad promedio de inicio en el consumo suele ubicarse en la adolescencia, lo cual incrementa exponencialmente el riesgo de dependencia y daños a largo plazo.
El uso de drogas conlleva riesgos físicos y psicológicos profundos. Se han documentado casos de deterioro cognitivo, daños neurológicos, enfermedades cardíacas, trastornos de ansiedad y depresión, así como una alta incidencia de enfermedades crónicas derivadas del consumo prolongado. A esto se suma el impacto social: marginación, desempleo, violencia, desintegración familiar y sobrecarga de los sistemas de salud y justicia.
El informe también pone énfasis en la necesidad urgente de fortalecer las políticas públicas en torno a la prevención, especialmente entre la juventud. Se plantea que es fundamental implementar programas de educación integral desde edades tempranas, mejorar el acceso a tratamientos médicos y psicológicos, y desarrollar estrategias de reducción de daños que permitan atender el problema desde un enfoque de salud pública y no meramente punitivo.
Además, se resalta la importancia de la reinserción social para quienes logran superar una etapa de adicción. Sin un acompañamiento adecuado, el riesgo de recaída es alto. De ahí que las políticas integrales deben considerar, más allá de la desintoxicación, el acceso a empleo, vivienda, redes de apoyo y asistencia continua.
En un mundo donde los flujos ilegales de drogas siguen financiando redes criminales y desestabilizando regiones enteras, el dato de que uno de cada diecisiete adultos es consumidor no puede pasarse por alto. La lucha contra las drogas no se gana solo en aduanas o laboratorios, sino en las aulas, en los hogares y en los centros de salud. Reconocer el alcance del problema es el primer paso para actuar, con inteligencia, sensibilidad y urgencia.


