Cada mañana, Paola despierta en casa, empieza un trayecto de dos horas de transporte público para llegar a la capital y, ya ahí, prende las aplicaciones de entrega de alimentos que le dan trabajo.
Labora por ocho horas, más o menos, con la esperanza de poder ganar suficiente entre el pago por los pedidos que lleva en bicicleta y las propinas que recibe para ella misma poder comer y pagar las cuentas un día más.
Paola es una de miles de personas en México que no se ha detenido en medio de la contingencia por el coronavirus SARS-CoV2, al ser designada su labor como un trabajo esencial que no debe suspenderse.
El trabajo de surtir a todos los mexicanos que sí pueden quedarse en casa se dificulta además porque el temor al contagio va de la mano con que estas personas designadas esenciales —repartidores, farmacéuticos, quienes hacen trabajo de limpieza o intendencia, conductores de taxi, quienes recogen la basura, los que operan las cajas en el supermercado, y más— llevan años viviendo en la precariedad.
“Todos trabajamos al día y eso es lo que nos hace seguir saliendo hasta en estas situaciones”, cuenta Paola, parte del colectivo DeliverLibres, grupo de mujeres que trabajan como repartidoras y buscan protegerse también del acoso sexual en Ciudad de México, notoria por altos índices de violencia machista.
Algunos legisladores han pedido actuar para proteger más a los trabajadores esenciales en este momento, aunque en gran medida quienes hacen estas labores han tenido que encontrar cómo cuidarse solos.
“Nos estamos cuidando nada más entre nosotros”, dijo Jorge Rodea, otro repartidor. “Y exhortamos a los clientes a quedarse en casa porque sabemos que también nos necesitan, sobre todo los adultos mayores”.
En las últimas semanas, sabiendo que ella iba a seguir trabajando expuesta, Paola mandó a su hijo a vivir con sus abuelos, una de los cuales tiene diabetes, porque “con el COVID-19 no nos queremos arriesgar”. Los hijos de Jorge tampoco están viviendo con él por el momento debido al temor de infección.
Algunos repartidores que hablaron con Noticias Telemundo contaron que siguen trabajando a pesar de tener algunas de las enfermedades crónicas que los hacen susceptibles a estar delicados si se contagian.
La situación se dificulta para Paola, Jorge y sus colegas porque son parte del 56.2% de todos los mexicanos que son trabajadores informales.
“Son informales no porque no paguen impuestos, que sí lo hacen muchos, sino porque no tienen los derechos de ley, ni salarios muchos de ellos”, indicó la senadora Patricia Mercado, secretaria de la comisión del trabajo de la cámara alta. “La pandemia está exponiendo más esta tragedia”.
Por ejemplo, las apps de entrega de alimentos con las que trabajan los entrevistados no los consideran empleados, sino socios, con lo que se deslindan de darles beneficios de ley


