El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio a conocer que su administración pretende aplicar un arancel del 100 % a las cintas producidas fuera del país y que se importen al mercado estadounidense. Según Reuters, esta medida fue anunciada el 29 de septiembre de 2025 y busca “proteger” a la industria cinematográfica nacional frente a la competencia extranjera.
Trump respaldó su decisión con fuertes declaraciones en su red social Truth Social, afirmando que “our movie making business has been stolen from the United States of America, by other Countries, just like stealing candy from a baby”. Este argumento sugiere que el mandatario considera que el sector cultural estadounidense ha sido despojado por otros países mediante acuerdos, incentivos o subsidios.
Sin embargo, el anuncio generó numerosas interrogantes en el mundo del cine y el comercio. No está claro cuál será la base legal para imponer aranceles a productos como las películas, que son bienes culturales y propiedad intelectual, ni cómo se contabilizará su valoración para aplicar el gravamen. De igual forma, aún no se ha especificado si las películas estadounidenses que se filman parcialmente en el extranjero también serán sujetas a esta tarifa.
Estudios, productoras y plataformas de contenido han reaccionado con cautela ante el anuncio. La industria cinematográfica depende en buena parte de colaboraciones internacionales, locaciones foráneas y mercados globales para distribuir sus obras. Un impuesto de esta magnitud podría alterar costos, ingresos y cadenas de producción.
Por su parte, figuras políticas y legales han cuestionado su constitucionalidad. En especial, algunos han señalado que Trump no posee autoridad unilateral para imponer esos aranceles sobre bienes culturales. Asimismo, expertos advierten que otros países podrían responder con medidas de represalia contra productos culturales o audiovisuales de origen estadounidense.
El momento del anuncio también agrava su impacto: la industria cinematográfica global aún busca recuperarse de disrupciones anteriores por conflictos laborales, pandemia y fluctuaciones del mercado. En ese contexto, una política proteccionista de esta magnitud podría tensar relaciones culturales y comerciales internacionales.
En resumen, la propuesta de Trump de gravar con un arancel del 100 % las películas extranjeras que ingresen al mercado de Estados Unidos ha encendido alarmas en el sector cinematográfico, aunque permanece en el terreno del anuncio sin detalles sobre su operatividad ni respaldo legal. El siguiente paso será observar cómo reacciona esa industria —nacional e internacional— y si los tribunales o el Congreso intervienen para definir su rumbo.


