El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó en una conferencia de prensa que Cuba es “una nación fallida”, una situación que, según él, se ha agravado tras la pérdida del apoyo económico y energético de Venezuela. Trump afirmó que “Cuba es una nación fallida. Lo ha sido desde hace mucho tiempo, pero ahora ya no tiene a Venezuela para apoyarla”, en declaraciones recogidas por medios internacionales.
En el mismo contexto, Trump anunció que su administración ha iniciado conversaciones con altos representantes del gobierno cubano, con la esperanza de alcanzar un acuerdo. Según el mandatario, estas conversaciones se realizan con “las personas más importantes en Cuba” y expresó su optimismo de que puedan derivar en un trato que beneficie a ambas partes.
La declaración del presidente estadounidense se produce en medio de una presión creciente sobre La Habana, tras el cese del suministro de petróleo desde Venezuela debido a acontecimientos recientes en ese país. Cuba ha enfrentado una profunda crisis energética, que ha provocado regularidad en los cortes de electricidad y escasez de combustible para la población.
Por su parte, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, reconoció que existen comunicaciones entre ambos gobiernos, aunque destacó que aún no constituyen un diálogo formal. Según Cossío, se han intercambiado mensajes y mantenido contacto a través de las embajadas, pero todavía no se ha establecido una mesa de negociación estructurada.
Las tensiones entre Washington y La Habana se han intensificado con la firma de órdenes ejecutivas por parte de Trump para imponer aranceles a países que suministren petróleo a Cuba y la afirmación de que la isla representa una “amenaza excepcional” para la seguridad nacional de Estados Unidos. Este conjunto de medidas ha exacerbado las dificultades económicas de Cuba y ha generado preocupación internacional sobre las posibles consecuencias humanitarias.
En medio de estos hechos, algunos actores internacionales, incluido el Papa, han instado a ambas partes a entablar un diálogo sincero y efectivo para evitar la escalada del conflicto y aliviar el sufrimiento de la población cubana.
La posición oficial de Cuba mantiene que cualquier avance en las relaciones bilaterales debe basarse en el respeto mutuo y el derecho internacional, mientras que La Habana rechaza que las medidas económicas o de presión conduzcan a una negociación bajo coacción.


