La reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas internacionales ha generado un cambio significativo en la dinámica de la lucha contra el narcotráfico y ha tensado las relaciones entre ambos países. Esta medida, anunciada en enero de 2025, otorga al gobierno estadounidense nuevas herramientas legales y operativas para combatir a estos grupos criminales, pero también plantea preocupaciones sobre la soberanía de México y el futuro de la cooperación bilateral.
Al clasificar a los cárteles como organizaciones terroristas, Estados Unidos puede aplicar sanciones más severas, como la congelación de activos y la imposición de restricciones financieras a individuos y entidades que colaboren con estos grupos. Además, esta designación abre la posibilidad de que se realicen operaciones unilaterales en territorio mexicano sin el consentimiento explícito del gobierno de México, lo que ha generado inquietud sobre posibles violaciones a la soberanía nacional.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha adoptado una postura de prudencia y ha enfatizado la importancia de mantener la calma ante las acciones de la administración Trump. En declaraciones recientes, Sheinbaum destacó la necesidad de proteger la soberanía nacional y subrayó la importancia de la cooperación bilateral en temas de seguridad y migración. Sin embargo, también reconoció los desafíos que esta nueva designación implica para la relación entre ambos países.
Expertos en relaciones internacionales señalan que esta medida representa un cambio de paradigma en la política de Estados Unidos hacia México. Víctor Hernández, académico del Instituto Tecnológico de Monterrey, afirmó que “está cambiando para siempre la relación entre México y Estados Unidos”, sugiriendo que las implicaciones de esta designación podrían ser profundas y duraderas.
Además, la designación de los cárteles como organizaciones terroristas podría tener consecuencias en otras áreas de la relación bilateral, incluyendo el comercio, la migración y la cooperación en seguridad. Algunos analistas advierten que esta medida podría ser utilizada como una herramienta de presión política por parte de la administración Trump para obtener concesiones en otros ámbitos.
La decisión de Estados Unidos de clasificar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas internacionales marca un punto de inflexión en la lucha contra el narcotráfico y redefine la relación entre ambos países. Si bien la medida busca fortalecer las acciones contra el crimen organizado, también plantea desafíos significativos en términos de soberanía y cooperación bilateral. Será crucial que ambos gobiernos mantengan un diálogo abierto y constructivo para abordar estas complejas dinámicas y garantizar la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos.


