Por: Cristina Padín.
Había mil cosas que no podían hacer.. fuera del alcance de ellos. Simplemente eran niños de corta edad, pequeños que se entristecían al escuchar hablar de la guerra. Les dolía saber que otros críos de su edad ya no dormían tal vez en su cama, ya no jugaban sin miedo, ya siempre escuchaban sonidos atroces.
Pero había otras mil cosas que sí podían hacer. Hablar con respeto en toda ocasión. No insultar a nadie, no menospreciar por ninguna razón, huir del racismo y de todo tipo de descalificación hacia el diferente. Poseer humildad. No considerar que uno es superior a otro. Esas cosas sí se podían hacer. Y las hacían…
Aquella tarde pintaron banderas gallegas y banderas ucranianas. Y recaudaron dinero para comprar juguetes a niños necesitados. Mientras ellos hacían eso seis o siete berreaban algo sin sentido, pero no le prestaron atención. El mejor desprecio no hacer aprecio. Serían seres sin corazón ni alma movidos por rencor y por ira…
A Ucrania
A la paz, tan necesaria
A mi amiga Maite, que tan bien nos acoge en La
Coruña
A mi Luis
Al arte, sin arte no hay vida
A la educación, la sensatez y la humildad
A los M
Y a la verdad


