La Revista

Una palabra…

Cristina Padin
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Hasta la Luna bella de febrero se asomaba a su balcón azul para contemplar tanta hermosura.. allá abajo y sobre la arena, y qué bonita es la arena que tantas veces hasta se le reza, con la muleta en verso y universo toreaba el torero…

Cayendo la noche sobre los árboles se teñía de oro el cielo, amanecería un día suave y de calor
dulce, y escuchaba la niña, y escuchaba el ganadero, y escuchaban los pequeños, y, sí, escuchaba la muchacha, también el pintor…

Escuchaban. Porque toreaba tan bonito aquel torero que mirarlo no era suficiente. Muñeca de Romero, alma de Ojeda, espíritu Silveti, algo de Manolete, ley de Antonio Ordòñez, gitanería de Rafael de Paula… Tanto!

Toda la historia bebida en el azabache de sus ojos, y vivida en la esencia de su alma. Y él. Su muleta y él, su saber, su ofrecer, su magia. Y la impronta para entender el lenguaje de aquel toro tan bravo y noble. Él y la magia…

Estampa de torería en el campo de invierno… seda y lances, arte y empaque. Estar y saber estar. Torear, torear, enamorar toreando, y torear. Una guitarra flamenca sonando y con su son embelleciendo… Torear! Qué bonito!

Y todos unidos al pronunciar una palabra: Ole!

Dedicado a ganaderos, toreros, mi torero
Y mi mago..
Dedicado a los que tocan guitarra flamenca
A mi Luis
A los matadores mencionados
A Paty, que entiende el lenguaje del toro
A Aida, me inspiraste esta historia al decir que lo resumí todo en aquella foto en una palabra, qué importantes son las palabras
A mi hermana, muy paulista
A mi amiga Paula
Y a cada ser sensible que disfruta el arte

Cristina Padin
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