Usain Bolt, el legendario velocista jamaicano, ha ofrecido recientemente una mirada franca a su vida después del atletismo. A sus 39 años, Bolt reconoció que ya no mantiene la condición física de sus días de gloria, y admitió que “cuando subo las escaleras, me quedo sin aliento”.
El excampeón olímpico señaló que su rutina diaria ya no incluye carreras, como sucedía antaño, sino entrenamientos en gimnasio. “No me encanta, pero creo que ahora que llevo un tiempo sin correr, tengo que empezar a correr de verdad porque, cuando subo las escaleras me quedo sin aliento”, explicó a medios durante su estancia en Tokio.
Bolt también comentó que, con ello, planea retomar progresivamente el trote o la carrera suave para recuperar algo de resistencia. “Creo que cuando vuelva a entrenar a fondo, probablemente tendré que dar algunas vueltas solo para poder respirar adecuadamente”, agregó.
Fuera de lo físico, Bolt vive una etapa dedicada a la vida familiar y actividades más tranquilas. Sus días transcurren entre su rol como padre, los pasatiempos —como armar piezas de Lego o ver películas— y promover eventos de atletismo.
Estos testimonios de Bolt producen una imagen diferente del atleta imbatible: un hombre que ha alcanzado lo más alto, que ahora reconoce sus límites físicos y que busca adaptarse a una nueva normalidad tras el retiro competitivo.


