Por: Fernando Belaunzarán.
“Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”,
cuentan que dijo el rey Pirro de Epiro, después de vencer a los romanos en la
batalla de Asculum (279 a C). La anécdota viene a cuento por los grandes costos
que está pagando el régimen por sacar adelante los objetivos prioritarios del
presidente Andrés Manuel López Obrador, teniendo resultados más bien nimios,
dudosos e incluso contraproducentes.
No me referiré a la creación del Insabi porque ése es
un trágico desastre por los cuatro costados, de tal suerte que, aunque en
materia de salud los daños han sido mayores, ahí no hay nada que el gobierno
pudiera reclamar como un logro. Prefiero ocuparme en esta ocasión de temas más
polémicos, en donde cantaron victoria, pese a tanta evidencia desfavorable,
como son el ejercicio reciente de revocación de mandato y la contrarreforma
eléctrica que tuvo un episodio atípico en la Corte.
Desde el poder se desnaturalizó la figura de la
revocación. Fue el Presidente, y no los inconformes, quien hizo todo para que
se llevara a cabo la votación sobre su permanencia. La inmensa mayoría de la
oposición no mordió el anzuelo y le dejó el terreno libre, de tal suerte que compitió
contra sí mismo… y perdió.
Es verdad que más de 90% de los sufragios lo
respaldaron, como suele suceder con los referéndum realizados en las
autocracias, pero el abstencionismo rebasó 80%, no obstante la inocultable
operación estatal para promover la consulta y llevar a los votantes a las
casillas.
En realidad presenciamos una elección de Estado al
margen de las leyes y en abierto desacato a las autoridades electorales. De
pronto la simbiosis entre partido y gobierno se manifestó desparpajada y retadora
para echar a andar toda la maquinaria sin tapujos, aderezada por la abrumadora
propaganda personalizada del Presidente, cuyo financiamiento opaco también
recuerda al viejo régimen.
No es sólo la abierta participación de gobernantes y
funcionarios, tampoco la confrontación directa con autoridades electorales por
negarse a cumplir las normas, también es el uso descarado de recursos públicos,
el engaño a los beneficiarios de los programas sociales y el acarreo de
ciudadanos con carencias económicas. Hasta el presidente de Morena, Mario
Delgado, se presumió en redes sociales como delincuente electoral al
promocionar la “movilización” que realizaba a centros de votación.
El Presidente seguirá en su cargo el resto de su
mandato, como se sabía de antemano y nadie había puesto en duda, pero no salió
fortalecido como esperaba. Al contrario. En 2018 tuvo más de 30 millones de
votos. A menos de cuatro años de distancia perdió la mitad de su votación y
obtuvo 6 millones menos de votos que la coalición oficialista en 2021. La
tendencia es clara. Y eso que ahora cuenta con 18 gobernadores que no tenía
entonces y que puso a operar, además de 21 millones de personas que reciben
programas sociales y a quienes se les engañó con la mentira de que sus apoyos
peligraban si no era “ratificado” el mandatario. Por eso fue notoria la alta
participación de adultos mayores.
Morena celebró su “triunfo” con caras de velorio y
López Obrador no escatimó maromas para tratar de convencer que el desaire
ciudadano al ejercicio fue en realidad un “triunfo histórico”, mientras la
oposición midió la fuerza electoral de la estructura estatal y ya olfateó la
posibilidad de vencer en 2024.
El Presidente también cantó victoria porque la SCJN no
determinó la inconstitucionalidad de la ley eléctrica, debido a que la peculiar
forma de contar los votos de Arturo Zaldívar mantuvo siempre la minoría
necesaria de cuatro para dejar el asunto indefinido, lo que mantiene abierto el
camino de los amparos.
La Corte sufrió un fuerte desgaste para que todo
siguiera casi igual, pero lo sucedido fue suficiente para alejar a nuevos
inversionistas ante la incertidumbre, misma que se mantendrá con el previsible
rechazo a la reforma constitucional del Congreso, y enconar aún más la tensa
relación con Estados Unidos por las claras violaciones al T-MEC.
Más victorias como éstas, Andrés Manuel, y regresarás
a tu rancho en Palenque, como prometiste, después de entregarle la banda a un
opositor.


