La Revista

Ya fue

Fernando Belaunzarán Méndez
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Por: Fernando Belaunzarán.

No soy de los desengañados, pero hubiera preferido que
me tapara la boca a presenciar la acelerada destrucción institucional,
descomposición social y degradación política que marcarán este sexenio. Tenía
todas las condiciones para hacer un gran papel y cumplir su anhelo de
trascender en la historia, pero optó por usar el enorme poder con el que llegó
a la Presidencia para restablecer un régimen de hegemonía de facción alrededor
de la épica de su persona, contada por él mismo, en lugar de enfrentar los graves
problemas nacionales, concitando el respaldo y la colaboración de la
pluralidad.

Si nunca dejó de estar en campaña, ya cerró cualquier posibilidad
de hacer otra cosa. De aquí en adelante todo será lucha descarnada por la
sucesión. La exhibición de los rostros de los diputados que votaron contra la
reforma eléctrica en las plazas públicas, estigmatizándolos como “traidores a
la patria”, no dejan espacio para la construcción de acuerdos; al contrario,
dinamitaron los pocos y delgados puentes que todavía existían.

La narrativa electoral del oficialismo ha sido
delineada y lo que sigue es machacarla, tal y como nos tienen acostumbrados.
Definir la discrepancia como atentado a los intereses del país es el camino
fácil de los regímenes autoritarios para perseguir disidentes, pero no está
claro que vayan a dar ese paso aunque la acusación esté tipificada en el código
penal; por lo pronto, es propaganda para dividir en dos los bandos en disputa,
apelando al nacionalismo ramplón.

Curioso que el Presidente que aceptó sin chistar las
condiciones de Donald Trump para no imponer aranceles ilegales a los productos
mexicanos, colocando a 25 mil militares en labores de policía migratoria y
recibiendo en condiciones deplorables a más de 70 mil solicitantes de asilo al
gobierno de Estados Unidos, establezca su criterio como medida de patriotismo;
pero en estos tiempos de posverdad no importa tanto la congruencia o la
correspondencia con los hechos como la emotividad y la capacidad de jalar los
hilos de la indignación y el resentimiento.

Lo más grave de la oportunidad perdida será el
recuento de los daños que la polarización alentada desde el poder incrementará.
Si es lamentable haber desaprovechado la creciente rivalidad comercial entre
China y EU, espantando las inversiones por poner el capricho presidencial por
encima del Estado de derecho, lo es aún más dejar que la violencia e
inseguridad del crimen dominen amplios territorios por considerar que al
enemigo que se debe combatir desde el poder estatal es la oposición.

El tiempo no se puede regresar y cada vez será más
difícil encarar los imponentes retos que tenemos enfrente, máxime cuando el
encono y la división amenazan con exacerbarse y perdurar más allá de la
presente administración. La elección presidencial en 2024 se vislumbra desde
ahora como una caldera que sobrecalientan quienes tienen la responsabilidad
constitucional de garantizar la gobernabilidad. Que el presidente López Obrador
insista en descalificar al INE para poner sobre la mesa la amenaza de un
delirante fraude electoral contra su partido, presagia conflicto de resultados
inciertos.

No se necesita tener una bola de cristal para saber
que el fin de la presente administración tendrá aparejada una crisis económica
con instrumentos limitados para enfrentarla, pues los ahorros acumulados en
décadas fueron engullidos en los tres primeros años. La respuesta sensata sería
convocar a la unidad nacional para enfrentar la emergencia, pero como el sueño
hegemónico reclama victoria total al costo que sea, se apuesta a dirimir la
elección en una atmósfera ideológicamente sobrecargada.

Los logros del sexenio serán un aeropuerto
subutilizado, en donde los usuarios no quieren ir; una refinería que no
contribuye a la transición energética y que no bajará el precio de las gasolinas;
un tren sin rentabilidad que dañará gravemente reservas naturales y su
biodiversidad; una militarización exponencial que será muy difícil revertir, y
un México escindido en medio de corrupción, impunidad y empoderamiento del
crimen. La reconciliación del país para salir del atolladero sería la verdadera
epopeya de un pueblo cuyas esperanzas fueron vilipendiadas.

Fernando Belaunzarán Méndez
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