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Yucateco brilla en su primera participación en el cine mexicano.

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El cine mexicano
regresa al porfiriato con la cinta El Baile de los 41, una película que explora
lo que anteriormente se conocía únicamente como rumores. Un tema siempre
mantenido debajo de la mesa de la sociedad mexicana pero hoy en día palpitando
por ser escuchado y recordado. Lo que en 1901 era tratado como tabú y
disfrazado de apariencias es explorado profundamente por el director David
Pablos (La Vida Después, Las Elegidas) quien narra la historia de Ignacio de la
Torre y Mier y la fiesta que organiza con “41 maricones” (así se les conocía a
falta de el termino homosexual) en la Calle de la Paz, donde en una redada por
la policía se aprende y encarcela a 41 hombres, la mitad de ellos de peluca a
tacón de mujer, quienes fueron consecuentemente ridiculizados y abucheados por
las calles de la Ciudad de México al ser forzados a barrer y posteriormente
encarcelados por atentar contra “las buenas costumbres”.

 

Pablos se
mantiene gran parte de esta película en el matrimonio de Ignacio con Amada
Díaz, la única hija de el entonces presidente Porfirio, explorando temáticas de
sexismo y machismo que hasta hoy en día resuenan como parte de la triste
realidad que existe en nuestra sociedad.

 

La cinta cuenta
con un elenco diverso. Alfonso Herrera captura exitosamente la lucha interna de
Ignacio entre mantener su estatus social y político contra la el deseo de poder
expresarse como si mismo. Esta lucha por aceptar su sexualidad nos lleva a su
relación amorosa con Evaristo (interpretado por Emiliano Zurita), personaje que
actúa como una de las licencias artísticas de la película al ser ficticio pues
no mucho se sabe de los hombres que asistieron a este baile. La relación de
estos dos hombres explora la fricción del amor y la época, de la esencia y las
apariencias y finalmente de la persecución de lo que en ese momento y hasta hoy
en día desgraciadamente se considera como inmoral, de este modo guiándonos
indudablemente a la autorreflexión.

 

Gran parte de
este caos social e interno cae de igual manera en Amada, interpretada
extraordinariamente por Mabel Cadena, quien personifica la represión de la
mujer mexicana de una manera tan profunda que nos hace replantearnos quien es
realmente la victima de todo este suceso. Ciertamente nadie termina ganando,
pues la historia de los 41 es fatal, sin hablar de Ignacio quien años después
termina prisionero de Zapata, escapa y muere por fisuras anales en Nueva York
al ser violado incontables veces por su ejercito como “castigo” a su
sexualidad.

 

El elenco de 41 nos enseña a esta sociedad clandestina de hombres que viven
en secreto, quienes festejan su vida sin pudor ni filtros. Estos hombres que se
pudiera decir estaban mucho mas adelantados de su época pero tristemente
prisioneros de ella. Un grupo compuesto de senadores, lideres, académicos,
músicos y filósofos que en las noches bailan como un espejo de la virilidad de
la Antigua Grecia (donde la el amor entre hombres no era solo una herramienta
de enseñanza entre si no utilizado
entre soldados en la tropa para estimular su espíritu combativo). Los actores
que personifican a este grupo hacen un excelente trabajo en transmitir a este apasionado
y efusivo club con una suma elegancia y porte dignos de la época.

 

Entre los varios
actores que interpretan a los 41 podemos ver a Bernardo Castilla, un joven originario de Mérida de 25
años quien brilla en su primera participación en el cine mexicano. Graduado de
prestigiosas escuelas de actuación en Londres (Drama Centre London) y Escocia
(Royal Conservatoire of Scotland), Bernardo nos cuenta el proceso de audicionar
y participar en esta cinta que para el es de “suma importancia para el cine y
la sociedad mexicana”. Las audiciones constaron de  varias improvisaciones para las cuales se
adentro a la realidad de la historia tanto maquillándose completamente como
rasurándose la pierna interpretando un monologo que escribió después de hacer
una extensa investigación de los varios artículos de la época que hay sobre los
41. “Es un papel que realmente quería interpretar tanto por su peso histórico
como la importancia que tiene hoy en día. El cine en nuestro país es ilimitado
en contenido pero escaso en esencia y esta es una historia con mucho espíritu que
inmediatamente tuve la certeza de que debía der contada”.

 

Gran parte de la
preparación de los 41, nos cuenta Bernardo, vino a la hora de juntarse todos
los actores en el espacio de ensayos para crear a este grupo a partir del
trabajo físico. La postura, los movimientos, los ademanes… todo esto fue
meticulosamente tratado, sumándose a eso los incesantes ensayos de la pieza de
vals que sonaba al ritmo de los taconazos de la mitad de los actores. Bernardo
de igual manera aporto su conocimiento musical al estudiar y aprenderse de pies
a cabeza la pieza de “La Reina de La Noche” de Mozart en el piano. “Eso fue sin
duda uno de los retos mas grandes para mi. David Pablos me pregunto si me la
podía aprender para tocarla en la película y le dije que no seria fácil pero
que, si me comprometía, cumplía”. Y así fue. Podemos ver en una de las escenas
al actor en corsé y luciendo un collar de perlas blancas que se mueven frente
al piano en el cual su personaje toca efusivamente para el resto de los 41,
quienes disfrutan de la música, juntos los unos a los otros, gozando de su
velada y del bello ambiente que lograron crear en este club secreto.

 

Por ultimo, Bernardo nos cuenta que sabia que su personaje no debía ser
tratado solo como algo independiente, sino como una pieza de un equipo. Pues
gran parte del éxito de interpretar a los 41 desde su punto de vista vino a la
hora de crear esta amistad y confianza entre todos los actores para poder darle
vida a este grupo y de esa manera honrar la memoria de estos hombres tan
valientes que perdieron su libertad por expresarse honestamente.

 

“Hubo un trabajo interno que tuve que hacer, para entender las
circunstancias de mi personaje y de la época y para esto cree un diario extensivo
de personaje con imágenes, artículos y notas personales, pero realmente todo se
reduce a la comunicación y confianza que logramos tener entre todos nosotros,
pues la actuación es una respuesta a un estimulo y como pueden ver, la película
esta llena de ellos. Esa confianza impartida por nuestro director quien logro
crear un espacio seguro y abierto a la comunicación fue vital para la creación
de estas escenas donde nos teníamos que desnudad física y emocionalmente para
darle vida a estos hombres”.

 

El Baile de los
41, fuera de la importancia que hace al recordarnos este suceso que fue
escondido de la historia por proteger agendas políticas, cuenta una historia de
amor entre dos hombres y la pone en pantalla grande. Esto para el cine mexicano
significa progreso, así como el progreso que la sociedad LGBT+ ha visto en 119
años desde el baile de los 42 (41 a petición de Porfirio para proteger su
nombre y el de su familia). No obstante, nos recuerda los muchos obstáculos que
hoy en día enfrenta esta comunidad. La película le hace eco a este suceso,
generando la importante platica que es vital continuar teniendo hoy para
aprender, pues sin lugar a dudas aun hay mucho por aprender.

 

El Baile de los
41, distribuida por Cinepolis, esta ahora en salas en todo México y
próximamente en todo el mundo en Netflix.

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