Un reciente estudio ha revelado que, tras la implementación de leyes más restrictivas sobre el aborto en varios estados de Estados Unidos, la tasa de mortalidad infantil ha experimentado un aumento significativo. En Texas, por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil se incrementó un 8% en 2022, alcanzando 5.75 muertes por cada 1,000 nacimientos, lo que contrasta con un aumento más moderado del 2% en el resto del país.
El análisis, realizado por la Universidad Johns Hopkins, relaciona este fenómeno con la prohibición del aborto impuesta en Texas en 2021. Esta ley prohíbe la interrupción del embarazo una vez que se detecta actividad cardiaca en el feto, alrededor de las seis semanas de gestación, antes de que se puedan realizar pruebas para detectar malformaciones congénitas. De hecho, el estudio muestra un aumento del 23% en las muertes de recién nacidos con anomalías fetales, una de las principales causas de mortalidad infantil en el estado.
Los investigadores estiman que entre marzo y diciembre de 2022, murieron 216 bebés más de lo esperado en Texas, lo que pone de relieve el impacto de las restricciones al aborto. Además, expertos como Tiffany Green, especialista en salud de la población, señalan que este incremento refleja las desigualdades raciales y socioeconómicas en el acceso a servicios de salud reproductiva, agravadas por las nuevas restricciones.
La comunidad médica ha advertido que estas leyes restringen el acceso a cuidados médicos necesarios para las mujeres con embarazos complicados, lo que podría empeorar la situación. Especialistas en salud materno-infantil abogan por un mayor apoyo a las familias que enfrentan embarazos de alto riesgo, especialmente en los estados donde las restricciones al aborto son más estrictas.


