La construcción del Tren Maya continúa generando polémica debido al impacto ambiental que ha dejado a su paso. Organizaciones civiles, ambientalistas y pobladores de la península de Yucatán han denunciado la devastación de amplias zonas de selva virgen, lo que pone en riesgo a diversas especies y a los ecosistemas de la región.
De acuerdo con especialistas, el desmonte para abrir paso a las vías férreas ha ocasionado la tala de miles de árboles, la fragmentación de hábitats naturales y la alteración de los cenotes y ríos subterráneos característicos de la zona. Estos cuerpos de agua forman parte de un delicado sistema kárstico cuya estabilidad, advierten, podría verse comprometida por la obra.
“Estamos perdiendo un patrimonio natural invaluable. La selva maya no solo es hogar de jaguares y aves endémicas, también es clave para la regulación del clima y la recarga de acuíferos”, señalaron activistas en un reciente pronunciamiento.
El gobierno federal, por su parte, sostiene que el Tren Maya traerá desarrollo económico, turístico y social a los estados del sureste, y ha asegurado que se realizan medidas de mitigación ambiental. No obstante, los críticos consideran que estas acciones son insuficientes ante la magnitud del daño ya causado.
Mientras tanto, la discusión en torno al proyecto se mantiene abierta, entre quienes lo ven como motor de crecimiento y quienes advierten que la devastación de la selva podría tener consecuencias irreversibles para la biodiversidad y las comunidades locales.


