El fiscal del Estado de México, José Luis Cervantes, ofreció detalles inquietantes sobre el ataque armado ocurrido en la Zona Arqueológica de Teotihuacán, en el cual una sola persona, identificada como Julio César Jasso Ramírez, de 27 años, perpetró la agresión. Según las autoridades, este acto de violencia no fue una reacción impulsiva, sino un crimen premeditado que había sido cuidadosamente planeado.
El fiscal detalló que Jasso Ramírez había visitado el sitio en diversas ocasiones antes de ejecutar el ataque. Incluso se hospedó en hoteles cercanos para preparar su acción violenta. Llevaba consigo una mochila táctica que contenía un arma de fuego, un cuchillo, 52 cartuchos útiles, un teléfono celular, boletos de autobús y documentos personales. Sin embargo, lo más escalofriante de todo fue el hallazgo de materiales relacionados con la masacre de Columbine, ocurrida el 20 de abril de 1999 en Estados Unidos, en la que dos jóvenes asesinaron a 13 personas antes de suicidarse.
Según el fiscal, este comportamiento podría sugerir un “perfil psicopático”, con una marcada tendencia a imitar eventos violentos ocurridos en otros lugares. La elección del tirador de portar objetos vinculados con Columbine señala un deseo por replicar la infamia de un crimen ampliamente conocido. Esta revelación pone de manifiesto un fenómeno que ha preocupado a las autoridades y expertos en criminología: el contagio de la violencia por medio de la admiración de otros actos atroces.
La masacre de Teotihuacán dejó una víctima mortal, una turista canadiense, y 13 heridos. La comunidad se enfrenta no solo a la tragedia del ataque, sino también a la inquietante posibilidad de que este tipo de violencia, inspirada por hechos previos, se esté convirtiendo en una tendencia más común en diferentes partes del mundo. Las autoridades siguen investigando las motivaciones y el perfil del tirador para esclarecer completamente los factores que llevaron a este acto de horror.


