Por: Cristina Padín.
Decía el abuelo, que era sabio y gallego, que había que decir gracias. Que era hermoso hacerlo… y pedir las cosas por favor. Decir buen día al llegar a un sitio o entrar en un autobús. Decía también que enero traía la luz y las heladas, las mañanas plateadas y las muy bonitas tradiciones… y lo que es limpio.
Al pequeño siempre le gustó enero…
Le encantaba los días puros. Los fríos sanos. Las cosas claras. El niño, con diez años, era ya muy sensato y buen lector. Opinaba con criterio y no se dejaba llevar por cosas absurdas. Valoraba la honestidad y la valentía. Le gustaban los caballos y el flamenco, el toreo y los perros. Y el chocolate y la fruta…
Sobre todo admiraba la luz…
A los abuelos
A mi amada abuela
A enero
A los honestos y a los valientes
A los que saben dar las gracias
A los buenos lectores
A los que aprecian los perros, y a Morantito
Al toreo
A la gente que dice gracias
Y a la que saluda
Al flamenco
A Luis
A mi Sevilla


