Por: Cristina Padín.
Con las últimas monedas que le quedaban el anciano decidió no comprar leche ni tabaco ni los yogures de coco que tanto le gustaban… las entregó en la caja de las donaciones. Y los que regresaban del mar, aquellos que vivían entre olas para que en las mesas no faltara el pescado, aportaron mantas y calzado. Y desde la panadería se organizaron para conseguir latas de conservas y productos de higiene. Y los novilleros de la escuela taurina entregaron abrigos, y contribuyeron con
libros y leche los profesores de la escuela. Y la señora A, que era tan generosa como millonaria, ofreció una cifra muy alta.
Nada hicieron los que se creían superiores. Herederos de la burla y del insulto fácil.. hijos de lo que es bronco y grotesco. Seres que afirmaban ir a la iglesia sin falta y al mismo tiempo seres sin tiempo, capaces de no llorar el dolor ajeno, incapaces de soltar un pequeño billete, seres sin empatía y únicamente presumidores de unos valores de los que carecían en absoluto, seres sin cerebro y sin capacidad para ofrecer una sonrisa o un abrazo, y mucho menos un euro. Nada hicieron porque nunca hacían nada que no fuera jactarse de hacer algo, o mentir, o insultar. O las tres cosas a la vez… qué fatiga para seres tan vagos!
Y el cura que lo vio todo dijo: aquellos tienen corazón y estos no lo tienen. Y sin corazón no hay vida, y sin corazón se daña a Dios…
En la vida hay dos clases de personas: las que tienen corazón y las que no… a las que no las deseo muy lejos Con un abrazo y una oración a los afectados por la
tragedia y a los que trabajan en ella
A la bondad
Al cura del pueblo de mi abuela, un grande!
A la verdadera fe… la falsa no es fe, es hipocresía
A los M
A mi Luis y a Carlos
A Lourdes, de presanto, y a mi hermana, de
precumpleaños
A F, a I, a M, a JC, a JM
A la valentía


