Por: Cristina Padín.
Cuando la bruja del cuento terminó de crear al último de los personajes de su poema narrativo estaba anocheciendo. Era marzo de 1303… quedó satisfecha con el
resultado y metió el pergamino en un cofre, y el cofre lo quería enterrar en el jardín…
Lamentablemente a la bruja del cuento resbaló en la escalera y murió en el acto…
El castillo se vendió y el cofre anduvo vagando de un lado a otro…
El 10 de marzo lo encontraron unos hombres. En esa bella ciudad que se llama Santiago. El pergamino relataba en verso la historia de alguien que era Valiente. Cuando fue necesario actuar actuó, cuando hubo que hablar habló. Siempre se comportó con valor.
Y creyeron todos que ese poema estaba muy vigente en la actualidad. En la vida hay que caminar con Valentía. Y también con Verdad. Y, mientras unos lloriqueaban o no hacían nada a derechas, otros firmaban acuerdos, toreaban, dibujaban vestidos o vendían pan.
Valientes. Protagonistas del cuento de la Valentía.
Siempre he admirado a los
valientes
A los valientes
A Santiago de Compostela
A los relatos, sin historias no
habría vida
A mis queridos Belén y Manuel
A mi querido Luis
A mi mago. Valiente que torea
mañana
A la verdad
A mi amiga Ascen, cumpleañera
mañana, igual que Vicky


