Por: Cristina Padín.
…que se escapó de un vestido blanco y azul en realidad no se escapó. Los lunares, en un juego muy entretenido, se divertían mucho, los más chiquitillos. Los más grandes escuchaban la música de Paco de Lucía o veían vídeos de Perera y Talavante o hablaban de toros y de libros…
El pequeño volante, el diminuto en la parte final del vestido, quiso hacer algo tambièn…
Y salió a la calle, feliz y travieso. Recorrería la ciudad, recorrería la bella Sevilla. Quería rezar delante de la Macarena y quería hacerse una foto delante de la Plaza de Toros, quería comprar postales antiguas. Y sentir, apreciar, vivir. Los volantes mayores hablaban de lo bueno de leer y de viajar…
Y el pequeño volante que en verdad no se escapó de un vestido blanco y azul aprendió mucho en una tarde de últimos de enero…
Dedicado a los volantes
A mi hermana
A las personas que engrandecen los volantes
A Vicky
A mi querido Luis
A la música de Paco de Lucía
A Perera y a Talavante
A los vestidos
A mi Sevilla
Y al arte


