Por: Cristina Padín.
Tan felices eran siempre… habían vivido su vida entera en una ciudad castellana y los tiempos de descanso los pasaban en Sanxenxo. Les fascinaba aquel lugar tan blanco, tan dorado, tan azul.
Ella falleció y ya no estaba. Regresó él a la casa tras el entierro, pero ella no estaba allí. Habían imaginado que compartirían juntos la vejez, los paseos al calor de la mañana, la copa de vino, las lecturas.
Y ella no estaba..
Se dejó él atrapar por la tristeza, y apenas le interesaba hablar. Antes iba a los toros y al teatro, escuchaba música. Se marchó a Sanxenxo. Desde la ventana del cuarto se veía una playa mágica y clara…
Una noche se despertó con la luz del faro de Cíes…
Y ya no se volvió a dormir. Despertó de verdad. Al día siguiente era el de siempre. Generoso como lo había sido ella, como lo era él. Pagaba café en los bares a los que lo necesitaban, dejaba un libro en un banco..
..una moneda sobre una silla…
..un juguete en un parque…
Encontró la luz de la felicidad: procurar la felicidad de los demàs…
Ayer nos regalaron unas fotos preciosas de mi abuela y de sus manos de casi 101 años y me inspiraron el cuento
A mi abuela y a los ancianos
A mi Sanxenxo: paraíso
Yo viví una temporada en una ciudad castellana, a todas ellas
A Carlos
A Luis
A las personas generosas
A los faros, me fascinan
Y a mi amiga María, que también adora los faros
Y a mi amiga Doda, cerca de su cumpleaños


