Por: Cristina Padín.
Y ya las tardes eran más largas, y ya era el 2 de febrero, y ya las cigüeñas buscaban las torres de los campanarios, y ya las flores en algunos árboles recordaban al bello mayo, cuando hace la calor, y ya sonaba el Carnaval con su color y su sabor, y ya casi latía la primavera aunque hiciera mucho frío..
Y una vela pequeña acudía al lugar..
Se habían citado allí, en la Plaza Mayor. En aquel rincón tan puro en el que unos reían y otros hablaban de toros y niños corrían y jugaban. Celebrarían la Candelaria, fiesta de las candelas, y se homenajearía a la claridad, que retornan. Como retornan los carteles de toros y los besos que saben a helado de hierbas de san Juan..
Y la vela, que era chiquitilla, tenía miedo de no saber hacerlo bien.. porque le gustaría mucho hacerlo perfecto. Pero todos la tranquilizaron: lo que se hace con el corazón y con la verdad siempre sale bien. Rezarían también una oración, y sonarían panderetas gallegas.. y la diminuta vela aprovecharía para mandar un abrazo a Carlos..
Es una narración contada un poco como el Romancero, que me fascina
A Carlos. Un abrazo
A mi querido Luis
A este día. Me fascina
A la luz, me fascina fascina fascina
A los carteles de toros
A los besos
A las panderetas
A las personas que actúan con el corazón y con la verdad
A las tradiciones


