Por: Cristina Padín.
Se despedían, por un tiempo, aquellas a las que llamaban las Lunas de Enero.. sabias y sensibles, plateadas y blancas. Herederas de las mañanas más frías del año, de noches de hielo y crepitar de lumbres. Se iban cuando la tarde ya no era tan corta, y cuando la primavera se asomaba a la puerta y a la huerta..
Enero: el de tradiciones tan nuestras. Tan nuestras que hay que conocerlas, para saber de sus esencias..
Enero, el que trae el tradicional Ea palentino y la ilusión de los Reyes Magos, la cabalgata tan antigua de Guillena, san Julián y la taza de arroz con leche de Ferrol, y los festejos por san Antón (cuando los días más grandes son) y las celebraciones de san Sebastián. Y san Vicente en La Coruña, panderetas y filloas, huele a Entroido.. y el día de la Paz en Ronda..
Las Lunas de Enero eran lectoras y sabias, guardianas de lo que importa, de lo que es tradicional..
Se despidieron con un beso y un verso.. en horas sería Febrero. Febrero: el que sabe a toreo, a Carnaval, a lo que es bello..
Uno de mis cuentos del volumen de Navidad trata este tema: tradiciones festivas en España, me encantan esos temas
Dedicado a las tradiciones, es muy importante defenderlas
A los lugares mencionados
A mi Ronda
Al toreo
A mi mago, un día menos para verte
A enero, que se va, y a febrero, que llega
A mi querido Luis
A Carlos
A la Luna
A Belén y Manuel


