Antes, hace mucho tiempo, el mundo que yo conocía se dividía en dos partes: lo que era isla y lo que no era isla. Después de la división a mí me tocó quedarme en la isla, y mi mejor amigo se tuvo que ir al otro territorio.
En la isla los niños jugábamos al fútbol y al toro, y leíamos mucho. Mucho. Nuestros padres y nuestros abuelos eran grandes lectores. Leíamos cuentos, poemas, leyendas. Crecimos con Las aventuras de Tom Sawyer, Mujercitas, Momo..
Nuestra adolescencia nos trajo los besos y las emociones, y lecturas como Cien años de soledad, El conde Lucanor, La historia interminable, Fortunata y Jacinta… Quién no conoce esas historias? Qué triste sería. Mi amigo M pudo ser uno…
A los que habitaban fuera de la isla no les permitían leer en las escuelas. Se quemaron los libros. Pero, recuerdo, E y A y yo nos organizábamos por las noches. En barca les llevábamos La casa de Bernarda Alba y La colmena y el Romancero gitano…
Qué tiempos…
Hoy mi amigo M y yo somos abuelos. Qué distinta es la vida. Él se hizo librero, y ahora lo es su hija. Aconseja y vende Circe, Patria, En busca del tiempo perdido, La dama de las camelias, La chica del tren… Y la gente lee, y los libros viven…
Sin libros la vida no es vida!
Dedicado a los libros
A los libros mencionados
A Luis
Al toreo
A las islas
A mi amiga María
A las historias
Y a Pablo Aguado


