Opiniones

Con un asterisco

El pasado 26 de julio, Carlos Beltrán, Andruw Jones y Jeff Kent fueron recibidos como nuevos integrantes del Salón de la Fama, en una emotiva ceremonia celebrada en…

Por Luis Felipe Álvarez · 29/7/2026 10:40
Con un asterisco

El pasado 26 de julio, Carlos Beltrán, Andruw Jones y Jeff Kent fueron recibidos como nuevos integrantes del Salón de la Fama, en una emotiva ceremonia celebrada en Cooperstown ante unas 12,000 personas y acompañada por 60 miembros de la institución.

Las imágenes muestran a algunas de las mayores figuras de este deporte reunidas para recibir a los nuevos inmortales. Estampas solemnes que, por momentos, recuerdan las representaciones artísticas del Olimpo griego. 

Este año, en cambio, Barry Bonds, el bateador más dominante que el beisbol haya conocido, volvió a quedarse fuera. Líder histórico de Grandes Ligas en cuadrangulares con 762, de bases por bolas con 2,558, además de poseedor del WAR más alto entre los jugadores de posición (162.8), fue rechazado por duodécima ocasión, diez por los miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol de América y dos por el Comité de la Era Contemporánea. Desde una perspectiva que me resulta incomprensible, ambos grupos han determinado que sus números no bastan para pertenecer al Salón de la Fama.

Su exclusión obedece a las acusaciones que lo vinculan con el uso de sustancias para mejorar el rendimiento, una práctica extendida durante la llamada Era de los Esteroides. El debate, por tanto, no consiste en negar lo ocurrido durante aquella etapa, sino en determinar si el Salón de la Fama debe documentarla o fingir que sus protagonistas nunca existieron.

Bonds es el caso más visible de una generación sometida al mismo criterio. Roger Clemens, ganador de siete premios Cy Young, también ha sido rechazado doce veces. A su lado permanecen fuera figuras como Mark McGwire, Sammy Sosa, Rafael Palmeiro y Gary Sheffield, protagonistas indispensables para entender una época que Cooperstown parece dispuesto a exhibir, pero no a reconocer.

La elección de Jeff Kent vuelve todavía más difícil comprender el criterio. Kent compartió con Bonds seis temporadas en San Francisco, entre 1997 y 2002, precisamente durante el periodo más controvertido del béisbol moderno. Nada permite atribuirle una falta y no existe razón para cuestionar su ingreso; pero su elección demuestra que haber pertenecido a aquella época no constituye, por sí mismo, un impedimento. La diferencia parece depender menos del contexto histórico que de la valoración particular que los electores hacen de cada nombre.

No pretendo demeritar a los exaltados, sino mostrar el dudoso y selectivo juicio moral con el que se decide quién merece la inmortalidad. La elección de Carlos Beltrán resulta especialmente reveladora, pues, cuando jugador, fue mencionado en el informe de MLB sobre los Astros de 2017, campeones de la Serie Mundial mediante un sistema ilegal de robo de señas. Sin embargo, los electores consideraron que aquella falta no debía excluirlo para siempre.

En la última temporada de la serie televisiva “Los Practicantes” el abogado Alan Shore (James Spader) demanda por despido injustificado a lossocios que lo expulsaron del bufete. En su alegato narra la historia de un tío al que nadie quería realmente en las reuniones y que, a su vez, tampoco sentíaafecto por la familia. Sin embargo, siempre llevaba un pastel extraordinario. La familia lo toleraba por el pastel, y él aceptaba acudir porque esperabarecibir una buena porción.

El cierre del argumento, más que una defensa de su inocencia, es un reclamo de reciprocidad: “Como yo lo veo, traje el pastel. Ahora ustedes no quieren darme mi rebanada”.

Durante décadas se creyó que el récord de 61 cuadrangulares de Roger Maris llevaba un asterisco para aclarar que no debía compararse con los 60 de Babe Ruth. Un asterisco también se encuentra grabado en la pelota del homerun numero 756 con el que Barry Bonds superó a Hank Aaron como líder histórico de MLB. Esa pelota, curiosamente, sí está en el Salón de la Fama. 

De acuerdo con esa misma lógica, si Cooperstown pretende representar la historia del béisbol mientras excluye a figuras esenciales de una época completa, el asterisco debería colocarse junto al nombre del propio Salón de la Fama*. La nota al pie podría decir: Reúne a muchos de los mejores jugadores en la historia del béisbol, pero no necesariamente a todos.Las excepciones dependen del juicio moral de sus electores.

Como yo lo veo, jugadores como Bonds, Clemens, McGwire y Sosa trajeron el pastel. Durante años, el beisbol lo disfrutó. Ahora Cooperstown no quiere darles su rebanada.

La Pelota es Redonda

Pero viene en caja cuadrada


Luis Felipe Alvarez

luisfe143102@gmail.com

Ver en La Revista Peninsular →
© 2026 La Revista Peninsular