Opiniones

Cuando once jugadores cargan el peso de un país

Por Rodrigo Menéndez Cámara Hay pocos momentos en los que un país entero parece respirar al mismo tiempo.

Por Rodrigo Menéndez Cámara · 5/7/2026 11:48
Cuando once jugadores cargan el peso de un país



Por Rodrigo Menéndez Cámara


Hay pocos momentos en los que un país entero parece respirar al mismo tiempo. Uno de ellos ocurre cuando la Selección Mexicana salta a la cancha en un Mundial. Durante noventa minutos desaparecen, al menos por un instante, las diferencias políticas, económicas, religiosas y sociales. México se vuelve uno solo. Y quizá ese sea precisamente el problema.


Hemos aprendido a depositar demasiadas esperanzas en once jugadores. Esperamos que nos regalen una alegría que no encontramos en la política, en la economía, en la seguridad o incluso en nuestra propia vida cotidiana. Les pedimos que carguen sobre sus hombros el ánimo de más de 130 millones de personas. Es un peso descomunal.


Hoy, frente a Inglaterra, no solo disputarán un pase a la siguiente ronda. También cargarán con las frustraciones de un país que desde hace décadas busca una victoria que le permita sentirse capaz de competir con las grandes potencias. El futbol se convierte así en mucho más que un deporte. Se transforma en una válvula de escape emocional.


Durante unas horas dejamos de hablar de violencia, corrupción, inflación, desaparecidos, crisis políticas o incertidumbre económica. Todo parece reducirse a un marcador. Y eso explica por qué una derrota duele mucho más de lo que racionalmente debería.


No lloramos únicamente porque se pierde un partido. Lloramos porque sentimos que vuelve a escaparse una oportunidad para creer que sí podemos. Pero también existe otro fenómeno igual de preocupante: hemos convertido a los futbolistas en responsables de una felicidad que jamás les correspondió construir.


Cuando ganan, los elevamos a héroes nacionales. Cuando pierden, los convertimos en culpables de todos nuestros desencantos. Ni una cosa ni la otra es justa.


Ellos representan a México dentro de una cancha, pero no pueden resolver los problemas que nosotros no hemos sabido enfrentar como sociedad. Quizá el verdadero patriotismo no consista en exigirles una hazaña deportiva, sino en comprender que el país que soñamos no se construye únicamente con goles.


Se construye con educación, con justicia, con trabajo, con instituciones fuertes y con ciudadanos que asumen su propia responsabilidad. Si México elimina a Inglaterra, será una noche inolvidable.


Si no lo consigue, el lunes seguiremos despertando con los mismos retos que teníamos antes del silbatazo inicial. Porque el verdadero partido nunca se juega únicamente en el estadio. Ese se juega todos los días, fuera de la cancha.


Y ese, hasta ahora, sigue siendo el más difícil de ganar.

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