Opiniones

Derechos, no privilegios

Por Manuel Tejada Loría · 5/9/2026 08:37
Derechos, no privilegios
Todas las ideas nuevas sufren contratiempos, pero al fin se imponen por su bondad.

Felipe Carrillo Puerto

Se cumplen dos años de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo en la Presidencia de la República. En su

segunda rendición de cuentas quedó de manifiesto que las políticas públicas corresponden a un

proyecto integral y de continuidad donde la justicia social y la prosperidad compartida son principios

primordiales de gobernanza. Existe, entonces, un plan que gradualmente se ha ido desarrollando, y

que antepone las necesidades de la población al ofrecer sin intermediarios un amplio abanico de

programas sociales que llegan a más del 80% de los hogares mexicanos.

Cuando dice la presidenta que su gobierno está presente en cada rincón del territorio, entre otros

aspectos, se refiere al ámbito de acción territorial que prácticamente hace que 1 de cada 3

mexicanos cuente con algún Programa del Bienestar. Del cobertor que el priismo repartía en los

meses invernales, a los programas de cobertura limitada del panismo, ahora, con la Cuarta

Transformación se realizan apoyos periódicos y constantes para sectores de la población que solo

habían sido utilizados como recursos discursivos, pero que en los hechos seguían siendo ignorados.

En estos primeros dos años del gobierno de la presidenta Sheinbaum, catorce millones de personas

adultas mayores, tres millones de mujeres de 60 a 64 años, dos millones de personas con

discapacidad, y una gran cantidad de jóvenes, niños y niñas en los distintos niveles educativos,

productores del campo, pescadores, madres autónomas, entre otros sectores de la población son

beneficiarios de los Programas para el Bienestar.

Esta política social suele ser motivo de animadversión y desprecio por parte de grupos de la

oposición. De manera despectiva, consideran que se trata de dádivas electorales o asistencialismo

populista y las juzgan desde la óptica de las mismas prácticas clientelares del pasado. Pasan por alto

que buena parte de estos apoyos ya están respaldados como derechos sociales en la Constitución y

que, junto a otros programas, forman parte de una política pública orientada a garantizar el

bienestar. El presupuesto que antes llegaba a cuentagotas hacia estos sectores de la sociedad ahora

tiene una nueva lógica de redistribución.

Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el ingreso en hogares pobres creció cerca

del 35%, y en hogares más prósperos el 4%. Se trata, en el fondo, de derechos, no de privilegios, así

lo recalcó la presidenta. Aunque falta conocer el desglose de su segunda rendición de cuentas para

precisar algunos datos, la inversión social que se destinó para este año ronda el billón de pesos, con

un impacto directo en un tercio de la población, un presupuesto conformado, según sus propias

palabras, por la austeridad republicana y la honradez.

Estas políticas sociales han contribuido a reducir una de las principales preocupaciones de los

gobiernos del Movimiento de Regeneración Nacional: la pobreza. En este contexto, vale recordar

que entre 2018 y 2024, 13.4 millones de mexicanas y mexicanos salieron de la situación de pobreza,

de acuerdo con el INEGI. En el segundo piso de la Cuarta Transformación, con Sheinbaum a la

cabeza, la política social mantiene una fórmula que combina política de bienestar, un sistema deprotección social, una mejora salarial histórica y más inversión pública generadora de empleos

dignos.

La Cuarta Transformación está demostrando lo que por sexenios se negó sistemáticamente a una

mayor parte de la población: una mejor y justa distribución del presupuesto, que podemos entender

como justicia social y prosperidad compartida, aunado a salarios más dignos. De acuerdo con las

cifras del último informe, el poder adquisitivo del salario mínimo registra una recuperación real de

154% desde 2018. El logro de disminuir la pobreza no es un aspecto menor.

Como tampoco lo son los Programas del Bienestar, no sólo por la cercanía que se mantiene con la

población y los apoyos que por derecho ofrecen, sino porque también se articulan de manera

integral para amplificar su impacto. “Jóvenes Construyendo el Futuro”, por ejemplo, entrega apoyos

a centros de trabajo y a jóvenes que buscan una inserción laboral. El programa busca proporcionar

experiencia y capacitación que faciliten su incorporación al mercado laboral. No se trata, como han

dicho socarronamente algunos de sus críticos, de “dar dinero a los ninis”.

Otro programa de este gobierno, “Alimentación para el Bienestar”, organiza el acopio de alimentos

a precios justos de más de 112 mil pequeños productores en el país. Estos productos son puestos a

la venta, con precios accesibles, en la cadena de las más de 26 mil “Tiendas del Bienestar” que

atiende la misma población. En Yucatán y Campeche, el programa reportó la compra de miel a 620

productores de Chocholá, Temozón y Calakmul. La lógica es conectar al productor con el

consumidor, reducir intermediarios y dar valor agregado a los productos regionales.

Es una dimensión importante de la política social del gobierno de Claudia Sheinbaum. De ahí la

relevancia de los Programas del Bienestar en este segundo informe, cuyo mensaje de fondo es que

ya no se trata de atender los privilegios de unos cuantos, sino de colocar los derechos de la mayoría

en el centro de la política pública. Y si bien el reto a largo plazo será la sostenibilidad presupuestal

de estos apoyos, al llegar a los dos primeros años, uno de los principales objetivos de la Cuarta

Transformación, “por el bien de todos, primero los pobres”, está mostrando resultados.

Ahora bien, la preponderancia de esta política social no debe desviar la mirada de otros problemas

en el país. Los cuatro ejes de la Estrategia de Seguridad Nacional tendrían que contribuir a contener

la violencia que muchos comunicadores enfrentan a manos de la delincuencia organizada al realizar

su labor periodística. Del mismo modo, resulta necesario garantizar el funcionamiento eficiente de

los nuevos hospitales construidos. La cobertura de salud tendría un mayor impacto si esa

infraestructura opera plenamente.

Son, sin duda, retos y desafíos que exigirán sobre la marcha nuevos objetivos y ajustes en las

políticas públicas de bienestar.

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