Opiniones

El estruendoso fracaso que no notan

La negativa de prorrogar el Tratado de Libre Comercio nos afecta a todos como país.

Por Francisco Lopez Vargas · 10/7/2026 11:04
El estruendoso fracaso que no notan

Claroscuro


Francisco López Vargas


La negativa de prorrogar el Tratado de Libre Comercio nos afecta a todos como país. Campeche o Yucatán dejarán de ser atractivos para las inversiones precisamente porque habrá la incertidumbre de qué pasará cada año, en cada revisión, pero esa incertidumbre no es igual en otros estados en los que su economía es más sólida y está en crecimiento.

La mayor afectación tiene que ver con esa visión de Trump de convertir al continente, con quienes se alíen a ellos, en un terreno con las mismas reglas, la misma visión y los mismos compromisos que no son necesariamente buenos o malos para los países que se alíen a ellos.

México, en buena medida, había dado pasos al desarrollo gracias a las reglas del tratado que, como se sabe y cuenta la historia, estuvo a punto de no ser firmado ante la oposición de representantes demócratas en el Congreso de Estados Unidos. Como corresponsal del entonces semanario Proceso, junto con mi compañero corresponsal en Washington, Carlos Puig, quien narró las presiones de Bill Clinton y documentó de manera cercana la transición política de EE. UU. en 1992. Tras el triunfo de Bill Clinton, reportó cómo la entrada en vigor del tratado se condicionó a revisiones estrictas en temas laborales y ecológicos, vigilando las reuniones secretas de los asesores de Carlos Salinas de Gortari (como José Córdoba Montoya) en la capital estadounidense.

Le tocó ver la diplomacia del narcotráfico y el comercio y en sus notas detalló cómo el gobierno de Salinas de Gortari se vio obligado a acelerar reformas internas, renegociar la deuda y demostrar "mano dura" contra el narcotráfico para convencer a los legisladores norteamericanos de que México era un socio comercial confiable, cosa que hoy ya no somos como lo acredita la propuesta de no ampliar el tratado.

Por estar en Washington, Puig hacia análisis de la soberanía nacional. En sus textos de la época frecuentemente cuestionaban si el acuerdo comercial terminaría por subordinar la política exterior de México a los intereses de la Casa Blanca.

Escribiendo desde Mérida, la historia de esos días nos recuerda que Adolfo Peniche Pérez, un exitoso empresario yucateco y tesorero en esos días del gobierno de Dulce María Sauri se vio involucrado junto con su socio en ese país, el consultor Paul Sprange, en lo que se conoció como el Fondo Yucatán que consideraba 50 millones de dólares para comprar empresas manufactureras medianas en Estados Unidos que estuvieran bajo presión financiera, cerrar sus plantas en EE. UU. y mudar la producción a Mérida, Yucatán.

Para promover el fondo, el folleto seducía a los inversionistas prometiendo que en Yucatán los salarios eran drásticamente más bajos (apenas un dólar por hora, en comparación con los 7 u 11 dólares en EE. UU.), lo que reduciría los costos de producción de las empresas en un 40% y hacía muy atractiva la oferta y lo que se consideró desleal y provocó indignación total fue que el banco de desarrollo del gobierno mexicano, Nacional Financiera (Nafinsa), había aportado el 25% del capital del fondo (unos 3.75 millones de dólares de dinero público mexicano).

Peniche Pérez se quejó con el corresponsal de que lo estaban acusando de crear empleos, pero tampoco obró en su favor la película Wall Street que protagonizaban Charlie Sheen y Michael Douglas, sobre la voracidad y falta de ética de los financieros de esa icónica calle de Nueva York. Peniche se vio envuelto en otros escándalos en 1993 por asignación de un contrato sin licitar de las placas de circulación para autos y se retiró a la vida privada luego de ser candidato a alcalde y perder en 2007.

Promovido por el presidente demócrata Bill Clinton, sus principales correligionarios votaron en contra del TLC siendo los más activos David Bonoir, de Michigan, quien lideraba a sus compañeros; Richard Gephard, de Misuri; Bernie Sanders, independiente de Vermont; Rosa DeLauro, de Connecticut, recién electa; Sherrod Brown, de Ohio, y Chuck Schumer, de Nueva York, que se aliaron con 156 más para darle la espalda. Los republicanos Duncan Hunter, representante de California, y Jesse Helms, senador por Carolina del Norte también se oponían, y a todos se les sumó Ross Perot candidato presidencial derrotado que financió campañas televisivas y debates públicos para tratar de convencer a los indecisos.

Al final, 200 votos en contra no alcanzaron para evitar su autorización en el Congreso y así nació el NAFTA/TLC. Cuatro gobiernos después el Tratado de Libre Comercio, ratificado en las postrimerías del gobierno de Enrique Peña Nieto, fue desmantelándose con la llegada de Andrés Manuel López Obrador que necesito tener la mayoría parlamentaria para desaparecer los órganos autónomos que se crearon para darle al acuerdo visos de equidad entre los tres países firmantes.

Así, México empezó a cambiar para mejorar. En 2000, se dio la primera elección creíble y confiable que nadie objetó por los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu y el levantamiento de grupos indígenas y el EZLN en Chiapas en 1994.

Zedillo llegó a la presidencia y en su gestión hubo de crear organismos antimonopolios, aunque pasaron años, la democracia pareció consolidarse y el país se abrió a la inversión extranjera y privada el petróleo, la energía y se promovió el cambio a energías limpias como parte del combate al cambio climático. Se promovió la transparencia, la rendición de cuentas, se terminó con el gobierno empresario y se consolidaron concesiones para consolidar empresas que no sólo dieran empleo, sino que llevara al país a un nuevo desarrollo laboral, a nueva economía y con ello a la consolidación y desarrollo.

Sólo que la desigualdad siguió en el mismo nivel y ello provocó lo que hoy vemos: a la presidencia llegó un partido cuyo fundador se alió con la delincuencia, demolió los principios democráticos y canceló de facto muchos derechos que los mexicanos habían logrado gracias a la transición.

El fracaso de Andrés Manuel y su cambio de régimen, hoy lo podemos asegurar, triunfó de la mano del dinero del crimen organizado que no sólo lo financió sino que fue su promotor en los comicios de ganó gracias a la desigualdad y a los excesos que se veían desmedidos de los gobiernos pasados. En los hechos, los excesos del gobierno de Morena no sólo han rebasado a los de los tres últimos gobiernos de la transición, sino que también al saqueo que hubo en los de Echeverría y López Portillo que hoy seguimos pagando los ciudadanos.

Los abusos y excesos de un presidente al que le estorbaba todo aquello que le impidiera salirse con la suya, los llevó a ese contubernio con el crimen organizado, a usar los recursos que aportaban luego de cometer sus delitos. López concedió un cogobierno a los criminales y en el camino armó un entramado criminal desde el poder e involucró a secretarías como la de Hacienda, la de Comunicaciones e Infraestructura, Marina, Defensa, que las convirtió además en beneficiarias directas.

Hoy, el discurso morenista de la soberanía sólo trata de encubrir los delitos que se atrevieron a cometer hasta en Estados Unidos donde no pasaron desapercibidos y ello se sumó a las afectaciones a empresarios estadounidenses en México como los de Vulcan, concesionarios de Calica en Quintana Roo a los que despojó de inversión y concesiones legales y vigentes.

El desmantelamiento del tratado y sus elementos de control para garantizar equidad entre los socios, la vinculación de Morena con el crimen para ganar elecciones más el contrabando de drogas a Estados Unidos son hoy el andamiaje para lo que padecemos como país además de la burla a Trump que le concedió a López Obrador la liberación del General Cienfugos al que no sólo no enjuició sino que termino premiando dando una imagen de burla para quien le concedió la liberación del ex secretario de la Defensa en el gobierno de Peña Nieto.

A eso hay que sumarle el proyecto personal de Trump que hizo a un lado al comercio como eje de estructuración de su administración y cambió la seguridad como la parte más fundamental ante la crisis por opioides y el fentanilo en la Unión Americana y por eso armó esa alianza con sus pares de LA a quienes comprometió el desmantelamiento de los cárteles de la droga y el crimen organizado.

Mientras Sheinbaum encubre a los delincuentes y los delitos cometidos desde su partido en el ejercicio del poder, los mexicanos tenemos que conformarnos con ver cómo nos afecta las consecuencias de Morena, de sus gobernadores y de una presidenta que no le queda más que encubrirlos porque de no hacerlo pierde la legitimidad de los 36 millones de votantes que, hasta hoy se ve claro, fueron seducidos por el dinero del crimen y del huachicol que afectó al país.

Llegaron al poder con aparente legitimidad y hoy tenemos claro que para dejarlo harán gala de cualquier cosa para mantenerlo, aunque para ello tengan que aliarse con lo peor de un México que retrocede todos los días, con cada decisión de la 4T que sigue destruyendo México, sólo que el país depende en más de un 80 por ciento de la economía que genera el tratada de libre comercio. Son tiempos de cobrarles la destrucción, que pena que sea de esta manera y que sean los vecinos los que se encarguen del desorden que hay en nuestra casa.

La destrucción

La destrucción institucional provocada por López Obrador al llegar a la presidencia y la continuación que ha hecho de ella Claudia Sheinbaum es de tal nivel que tardará el país al menos 50 años para retomar los avances que ya teníamos y seguiremos estando a la retaguardia de los demás países de América Latina.

La destrucción de los programas para la producción agrícola, ganadera, industrial y comercial no puede aún medirse en las dimensiones reales menos los servicios que como ciudadanos hemos perdido al igual que los derechos que habíamos logrado a punta de presión para tener un país más justo.

En este escrito, líneas arriba, detallaba las experiencias que tuvimos que sortear los mexicanos para lograr que el Tratado de Libre Comercio lograra aprobarse en el Congreso de Estados Unidos y las reticencias que tuvimos en el país por quienes se anticipaban a calificarlo como una pérdida de soberanía y un error al unir a países tan disímbolos como Estados Unidos y Canadá.

Quizá el mayor complejo hoy lo vemos expresado en ese insistente discurso de que no somos protectorado, de que no somos colonia y la insistencia en que al país se le respeta que viene de gente que está convencida de que no hay equidad ni igualdad y se sienten avasallados ante el poderío de una presidencia infame como la de Donald Trump, cuyas actitudes infames tienen mucho que ver con esa obsesión de ser poderoso y exhibirlo para que se le respete. El fenómeno lo tuvimos en casa porque ocupó la presidencia un megalómano enfermo que el poder presidencial lo exhibió en su justa dimensión: un mentiroso compulsivo que usó al pueblo para hacerse del poder y tratar de no dejarlo.

Hoy, quienes no han estudiado el país que dejamos atrás y lo que costó la edificación del que destruyó la 4t sólo tienen como guía la posesión del gobierno y los excesos que pueden cometer gracias a él y no han entendido que cuando regresen a ser simples ciudadanos, padecerán las locuras que hoy ven como válidas por ser mayoría y detentadores de la presidencia.

El ejercicio del poder obnubila a los ignorantes y enloquece a los soberbios que se ofrecían al país como el remedio de todos los males y el adalid de un remedo de justicia que hoy vemos convertido en la Suprema Corte que presidente entes carentes de preparación y resentidos sociales que lo mismo aspiran a gravar herencias y donaciones ante esa visión paupérrima que no les permite dimensionar que su argumento desbarata los propios programas sociales por ellos defendidos a capa y espada.

Se atreven a decir que los herederos no merecen las exenciones que hoy tienen porque no les costó el esfuerzo de forjar el patrimonio sin darse cuenta de que ellos, con ese argumento, anulan las bondades de darles recursos a muchos de sus beneficiarios que tampoco cumplen los requisitos para tenerlos al hacerlos universales.

Claudia Sheinbaum, una científica que hace gala muy poco de sus conocimientos, prefiere argumentar el por qué ellos son diferentes ante la necesidad de que quienes los ven actuar y comportarse perdonen sus excesos con el argumento de que el pueblo es el beneficiario de su gobierno. Falso: Morena llegó para apropiarse el país, para vivir de él y en el camino destruirá todo aquello que debilite su visión de un gobierno paternalista y una ciudadanía obediente y pasiva a la que se le induce a preferir la dádiva que el esfuerzo o el ingenio propios para alcanzar sus anhelos o metas.

La destrucción del país terminará ahondando la brecha de desigualdad con la ventaja para ellos que serán los más beneficiados así como sus consentidos que seguirán recibiendo los beneficios de su gobierno aunque no sepan cómo hacer las cosas funcionales y eficientes. Hoy, las muestras están a la vista: el Tren Maya que no sirve para lo que se construyó y revive a cada rato las fallas de su mal hecha manufactura; la refinería de Dos Bocas que no cumple con sus expectativas a pesar de que hubo en ella un exceso de presupuesto que terminó en los bolsillos de quienes autorizaron la obra.

El tren transitsmico es un monumento a la incapacidad y al dispendio desde haber escogido trenes usado y discontinuados hasta no haber realizado los trazos correctos que hoy ya tienen muertos y heridos en su haber.

La cancelación del aeropuerto de Texcoco queda más que injusticado cuando el Felipe Angeles no sólo no funciona sino que menos lo hace la línea aérea Mexicana de Aviación. La sangría que significa para el erario la operación de esas obras ineficientes y erráticas tiene como prolongación un puente en la laguna de Nichupté que tuvo que ser reforzada, como los pilares del Tren Maya, a los pocos días de entrar en operación.

El recuento de los yerros y las inversiones no justifican los gastos erogados para su realización y menos la desaparición de los fideicomisos, la cancelación de obras con proyectos ejecutivos realizados y menos el latrocinio a la hacienda pública con esos $600 mil millones anuales que significa el huachicol fiscal, un tema que será el inicio del fin de una administración que no entiende que todo lo que se hace se paga.

Si a todo eso se suman los casi 11 billones de pesos que duplican la deuda externa que recibió al inicio de su gestión en 2018 López Obrador, los números no cuadran, menos el destino que tuvieron ante la cantidad de casos denunciados de corrupción comandada por los hijos de quien prometió no mentir, no robar y no traicionar.

Hoy, cuando el desastre los amenaza con la cárcel ante la falta de capacidad incluso para borrar sus huellas, las traiciones en Morena vienen de los más encumbrados, de quienes llegaron para disfrutar el poder que parecen gritar ¡sálvese el que pueda!

Pronto veremos el destino de esos gobernadores que vendieron sus estados a cambio de cargos e impunidad para disfrutar lo saqueado y que acreditaron que sólo fueron traidores y convenencieros. Ni sus embajadas ni consulados los podrán salvar del estigma de haber contribuido a la destrucción de un país que les dio todo! Al tiempo…

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