Opiniones

El susurro de la Xunáan Kaab que resiste en Yucatán

Por Carlos Bojórquez Urzaiz · 8/8/2026 23:02
El susurro de la Xunáan Kaab que resiste en Yucatán

(Ilustración Paloma Milla)

por Carlos E. Bojórquez Urzaiz

En los solares de Yucatán, el aire huele a flor de tajonal y flor de dzidzilché. Allí, donde la selva baja abraza el patio doméstico, habita la Xunaán Kaab. No porta aguijón alguno para herir, sino absoluta lealtad al tronco hueco de madera que la cobija: el jobón. Visitando recientemente a sus guardianes, los amigos mayas con quienes trabajé hace unos años, entre colmenas que vibran con luz dorada resulta imposible no sentir que en su zumbido todavía habla el lenguaje de los dioses antiguos.

Ciertamente desde la época prehispánica, el pueblo maya perfeccionó el arte sagrado de criar esta abeja nativa. Su miel, densa y balsámica, jamás fue un simple alimento; fue bálsamo para la piel, remedio para el alma y ofrenda en los rituales donde se pedía permiso a estos pequeños insectos para cosechar el elixir. La Xunáan Kaab, si bien dócil se muestra, defiende su hogar a mordidas suaves ante el extraño, recordando que el respeto es el único peaje para entrar a su santuario.

Sin embargo, este idilio milenario hoy atraviesa una situación difícil. En municipios como Yaxcaba, Peto, Valladolid, Tizimín, Halachó, Mama, Ticul y Dzitás, apenas unos 500 o 600 productores mantienen encendida estallama de saberes antiguos. La acelerada deforestación diluye su hábitat silvestre, mientras que la agresiva competencia de especies introducidas como la abeja europea y africanizada desplaza de sus flores tradicionales a nuestras pequeñas guardianas. A esto se suma el escaso interés de las nuevas generaciones, amenazando con romper el hilo invisible de una herencia viva.

Los métodos convencionales de producción apícola fracasan ante la delicadeza de la Xunáan Kaab. Ella exige la flor silvestre de la selva maya, el abrigo del jabín o el rico espacio de biodiversidad de los solares tradicionales, que no son sino verdaderos oasis ecológicos donde la naturaleza y las familias mayas conviven en perfecta armonía.

Salvar la abeja nativa no es únicamente proteger un recurso natural; es preservar el corazón palpitante de nuestra identidad. Urge trazar caminos del Renacimiento Maya, guiado por Huacho Días Mena, donde el conocimiento ancestral de los viejos meliponicultores fluya hacia los jóvenes como la miel de los jobones. Transmitir el oficio, sembrar flora nativa y dignificar la labor de sus cuidadores es la única garantía para que el susurro dorado de la Xunáan Kaab siga bendiciendo el monte y la memoria de Yucatán.

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