Especialista de la Uady advierte que la urbanización transforma el Hanal Pixán en Yucatán
Familias sin solar para enterrar el pib ahora encargan su cocción en hornos de panaderías, señala el investigador
Aurelio Sánchez Suárez, coordinador de la Unidad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), advirtió que el Hanal Pixán se transforma por la urbanización y la convivencia entre culturas, en vísperas de los festejos que inician el primero de noviembre.
El cambio afecta directamente a familias urbanas que ya no cuentan con un solar para enterrar el pib, el elemento central de la celebración, y que recurren a hornos de panaderías o a la compra directa del platillo para conservar la costumbre sin el proceso tradicional.
Sánchez Suárez explicó que la elaboración del pib representa un viaje simbólico al inframundo: se cava un hueco en la tierra, se calienta con piedra caliza sobre leña y ahí se deposita el tamal grande envuelto en hoja de plátano para que se cocine bajo tierra. El investigador detalló que antiguamente el pib se envolvía solo con hoja de plátano y tenía forma redonda, mientras que hoy muchas familias usan latas y le agregan carne deshebrada, jamón, queso o mariscos, ingredientes ajenos a la receta original con pollo y hueso.
El nombre mismo de la festividad también cambió: en algunos pueblos aún se le llama "finados", su denominación original, antes de que se adoptara el término maya "Hanal Pixán", que significa comida para las ánimas, explicó el especialista.
El Día de Muertos fue la primera expresión mexicana declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco, luego de que Michoacán presentara el caso ante el organismo y de ahí se extendiera el reconocimiento a todas las manifestaciones del país, recordó Sánchez Suárez. El académico señaló que el costo de preparar un pib completo, con nixtamal, carne y hojas, es menor en las comunidades rurales que ya poseen solar y aves de corral, mientras que en la ciudad el gasto se eleva y reduce la posibilidad de continuar con la tradición.
El investigador subrayó que no existe una lista de ofrendas correctas, pues cada familia coloca alimentos y objetos según sus propios difuntos, incluidas aportaciones de matrimonios con personas de otros estados o países. Sánchez Suárez concluyó que la tradición seguirá modificándose sin perder su propósito esencial: recibir a los muertos con lo que preferían en vida.