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La FIFA: El negocio sin máscara

Entre tarjetas rojas revocadas por llamadas presidenciales, precios dinámicos y un mercado de un billón de dólares, el Mundial actual consolida el romance definitivo entre Infantino y los Estados Unidos. Bienvenidos al torneo donde el balón rueda al ritmo del dinero.

Por Raul Arceo Alonzo · 14/7/2026 12:55
La FIFA: El negocio sin máscara

El anuncio del presidente Trump informando que gracias a una llamada a Gianni Infantino le retiraron la tarjeta roja a Balogun, fue uno de los últimos episodios bochornosos, pero seguramente no el último que veremos en este mundial en el que por primera vez el rostro del negocio se quita la máscara de manera burda, si esto todavía fuera posible después de la inexplicable asignación de la sede de Qatar.

Es claro que en esta edición se tomaron medidas que privilegian más el negocio que el deporte, como el hecho de que sean 48 equipos, tres sedes (la mayor parte de los juegos en el inmenso mercado de consumo de los Estados Unidos con 78 partidos de 104 totales), el incremento excesivo del costo de los boletos a través de un esquema de precio dinámico basado en la demanda, la feroz persecución a la piratería de señales de transmisión y de productos relacionados, así como mayores exigencias a los países sede. Aun así, el mundial está siendo un éxito desde todos los puntos de vista y la FIFA espera unos ingresos estimados en $11,000 MDD.

Otro aspecto que llama la atención en esta edición es la injerencia política y económica en las decisiones desde la selección de las sedes, pasando por las eliminatorias y por la conformación de los grupos (allanándole el camino a algunos favoritos) hasta decisiones más burdas y puntuales como eliminar la tarjeta roja a Balogun, jugador de Estados Unidos y el intento de modificar el horario del partido entre México e Inglaterra, que aunque el técnico Aguirre manifestó que la noticia le cayó “como una patada en el estómago”, es indudable que beneficiaba directamente a México.

Es ingenuo pensar que en el mundial el mandamás de la FIFA Gianni Infantino no carga los dados para sus aliados predilectos incluso torciendo las reglas deportivas sin el menor rubor, por eso responde solícito a la petición de su amigo Trump para eliminar una tarjeta roja, por eso se funde en un abrazo con “Chiqui” Tapia, presidente de la Asociación de Futbol Argentino (acusado en su país de evasión tributaria, de retención indebida de aportes a la AFA, asociación ilícita, lavado de activos y manejos patrimoniales) cuando Argentina accede a cada fase cargando la sospecha de cuestionables decisiones arbitrales.

Algunos dirán que no es algo nuevo, que la FIFA ha servido de circo para apuntalar algunos regímenes como en el mundial de 1934 en Italia, que se dice que ganó el país anfitrión a petición del “Duce” Mussolini. O como el mundial de 1978 en Argentina en el que el campeonato obtenido brillantemente por la selección albiceleste ante Holanda estará siempre empañado por la sospecha del favorecimiento a la dictadura militar.

Pero a diferencia del pasado donde la FIFA sólo servía a intereses geopolíticos, hoy es una maquinaria muy bien aceitada de hacer dinero. Su romance actual con los Estados Unidos es porque Infantino ve en ese país un potencial enorme de obtención de recursos. Es el país que más consume en cuestiones relacionadas con el deporte (se calcula que es de aproximadamente 1 billón de dólares anuales) con un promedio de entre $700 y $1200 dólares por persona al año. Sus ligas deportivas profesionales están entre las que más ingresos generan en el mundo. Por ejemplo: la liga de futbol americano (NFL) genera $23,000 MDD derivados de derechos de televisión, patrocinios y licencias comerciales, venta de boletos y suites, consumo en estadios, venta de mercancía oficial y eventos internacionales y otras actividades comerciales. Por su parte, la liga de basquetbol (NBA) genera de $13,000 a $14,000 MDD, las ligas mayores de beisbol (MLB) de $12,000 a $13,000 MDD.

La liga de futbol soccer (MLS) se queda muy atrás generando solo una derrama de $2,500 MDD. Es interesante señalar que el promedio de ingresos de cada club es de $83 MDD, pero que el Ínter de Miami llegó a cerca de $200 MDD por el fenómeno causado por la llegada de Messi a la liga. Imaginen el potencial de crecimiento que tiene el fútbol soccer en este país.

Por todo lo anterior, no es extraño que haya cierta predilección para que algunos países continúen en la justa. Que Argentina y Messi sigan avanzando significa una dosis adicional de ingresos para el país anfitrión que a diferencia del mundial organizado en 1994 ha logrado venderle a su afición una mayor expectación por un deporte que hasta algunos años le era ajeno. Messi se queda en Miami para seguir vendiendo y para seguir siendo el emblema de una liga que va en crecimiento económico y que sin duda puede reportar pingües ganancias para los poderosos mandamases de la FIFA comandados por el señor Infantino.

Sigamos disfrutando las emociones que nos provoca este bello deporte. Al final del día, los goles nos seguirán gritando en el alma, siempre y cuando recordemos que en el fútbol moderno el partido real se juega en las cajas registradoras, y ahí, no siempre ganan los mejores.

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