Mara Lezama y sus 97 vuelos privados: la doble moral de la austeridad en Quintana Roo
Investigación revela 97 vuelos privados de la gobernadora morenista a destinos de lujo, contradiciendo el discurso de austeridad republicana
La gobernadora de Quintana Roo parece haber olvidado demasiado pronto cómo terminó la historia de Roberto Borge. Mientras el discurso de Morena insiste en la austeridad, la cercanía con el pueblo y el combate a los privilegios, una investigación de Reforma documenta 97 vuelos privados de Mara Lezama, varios de ellos hacia destinos como Orlando y Vail. La pregunta inevitable es quién pagó esos viajes y cómo se explica semejante nivel de gasto.
La política mexicana está llena de historias de gobernantes que confundieron el poder con el privilegio. Quintana Roo, además, tiene memoria reciente de lo caro que puede resultar ese extravío. Roberto Borge dejó la gubernatura en 2016 y posteriormente enfrentó procesos judiciales por presuntos actos cometidos durante su administración.
Por eso sorprende que Mara Lezama parezca caminar peligrosamente sobre un terreno que debería conocer bien. Una investigación del periodista Abel Barajas, publicada este 24 de agosto por Reforma, documentó que la gobernadora morenista registra 97 vuelos privados y que, desde que asumió la gubernatura en septiembre de 2022, suma 119 vuelos de entrada y salida del país. Los datos fueron obtenidos, según el trabajo periodístico, de registros aeroportuarios y del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
De acuerdo con Reforma, las aeronaves utilizadas tienen un costo promedio estimado de 6 mil dólares por hora de vuelo. Un viaje a Orlando tendría un costo aproximado de 406 mil pesos, mientras que uno a Vail rondaría los 812 mil pesos. La investigación señala que el salario neto mensual de Lezama como gobernadora es de 102 mil 598 pesos. Es decir, un solo traslado privado a Orlando equivaldría aproximadamente a cuatro meses de su salario; uno a Vail, a casi ocho.
Dos caras de un mismo gobierno
Mara Lezama ha construido buena parte de su discurso alrededor del bienestar, la justicia social y la atención de quienes menos tienen. Su propia comunicación política la presenta como una luchadora social dedicada a trabajar “por y para el pueblo”. Por una parte está la gobernadora que habla de combatir desigualdades, eliminar privilegios y gobernar para los pobres. Por la otra aparece la funcionaria que, según la investigación de Reforma, utiliza jets privados para desplazarse a algunos de los destinos turísticos más exclusivos de Estados Unidos. Una cosa es predicar la austeridad y otra practicarla.
La llamada austeridad republicana —y aquella expresión todavía más extrema de la “pobreza franciscana” impulsada durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador— se convirtió en uno de los principales argumentos morales de Morena para diferenciarse de los gobiernos anteriores. Pero la austeridad pierde todo valor cuando solamente se exige hacia abajo y los privilegios permanecen arriba.
La pregunta no es si puede viajar, sino quién paga
Debe quedar claro algo: viajar en un avión privado no constituye por sí mismo un delito ni demuestra la utilización de recursos públicos. Precisamente por eso, frente a la información revelada por Reforma, la gobernadora tiene una explicación pendiente. ¿Quién pagó los 97 vuelos privados? ¿Fueron recursos personales? ¿Los cubrieron empresarios o particulares? ¿Cuáles correspondieron a actividades oficiales y cuáles fueron viajes personales o familiares?
La transparencia es indispensable porque los costos estimados de estos desplazamientos parecen difíciles de conciliar con el ingreso público reportado de la mandataria. Y hay antecedentes que vuelven todavía más llamativo el asunto. Reforma documentó que en febrero de 2020, cuando Lezama era alcaldesa de Cancún, viajó en avión privado a Vail, regresó a Quintana Roo para participar en una gira con López Obrador en Playa del Carmen y, terminado el evento, volvió a abordar la aeronave para regresar a Vail.
Mara debería recordar a Roberto Borge
Quintana Roo ya vivió las consecuencias de gobiernos asociados públicamente con excesos, privilegios y cuestionamientos sobre el manejo del poder. Roberto Borge terminó convertido en uno de los símbolos nacionales de aquella generación de gobernadores cuestionados por corrupción. Lezama llegó precisamente al poder bajo las banderas de una transformación que prometía romper con esas prácticas. Por eso debería mirar hacia atrás. No porque utilizar un jet privado coloque automáticamente a alguien en la misma situación jurídica de Borge. Sería irresponsable afirmarlo. Pero sí porque la historia de Quintana Roo demuestra que cuando el gobernante pierde la noción de la distancia entre su ingreso, su estilo de vida y las explicaciones que debe ofrecer a los ciudadanos, las preguntas inevitablemente comienzan a acumularse.
Mara Lezama prometió otra forma de ejercer el poder. Antes de llegar a la gubernatura incluso afirmó que la política debía dejar de ser una acumulación de privilegios y criticó la manera arbitraria en que históricamente se habían manejado los recursos públicos. Hoy esas palabras regresan como un espejo incómodo. No basta hablar de austeridad desde el templete mientras se aborda un Gulfstream, un Learjet o un Hawker. No basta hablar de los pobres mientras no se explica quién financia una movilidad propia del jet-set. Y tampoco basta declararse diferente a los gobiernos del pasado. Hay que demostrarlo.
La investigación de Reforma puso los números sobre la mesa. Ahora corresponde a Mara Lezama explicar cada uno de ellos. Porque en política la doble moral suele tener fecha de caducidad. Y si algo debería haber aprendido cualquier gobernador de Quintana Roo después de Roberto Borge es que el poder puede hacer creer que los privilegios son eternos, hasta que llega el momento de rendir cuentas.