Opiniones

Negarse a si mismo

Los Juegos Olímpicos de México 1968 pasaron a la historia por hitos deportivos inigualables: Bob Beamon destrozó por más de medio metro el récord de salto de longitud, Dick…

Por Luis Felipe Álvarez · 9/7/2026 21:29
Negarse a si mismo

Los Juegos Olímpicos de México 1968 pasaron a la historia por hitos deportivos inigualables: Bob Beamon destrozó por más de medio metro el récord de salto de longitud, Dick Fosbury revolucionó el salto de altura con su técnica de espaldas, y Jim Hines rompió la barrera de los diez segundos en los 100 metros planos.

Sin embargo, la historia más emotiva fue la de los estadounidenses Tommie Smith y John Carlos, oro y bronce en los 200 metros planos; quienes, al llegar al podio, tomaron una inesperada decisión. Descalzos, levantaron un puño enfundado en un guante negro y bajaron la cabeza en protesta por la discriminación racial que persistía en su país. Con aquel gesto, Smith y Carlos, negándose a sí mismos, transformaron un triunfo personal en un acto que trascendió el deporte para servir a una causa mayor. Sacrificando aquello que habían soñado toda la vida, el logro más importante de sus carreras, su momento de gloria.

Negarse a sí mismo no significa despreciarse. Significa ser capaz de colocar un bien mayor por encima del deseo inmediato.

El pasado 5 de julio el joven Eury Pérez abrió por los Marlins de Miami frente a los Atléticos. Durante siete entradas retiró en orden a los veintiún bateadores que enfrentó. A seis outs del juego perfecto, y con 92 lanzamientos, fue relevado por el manager Clayton McCullough. La decisión puso fin a una actuación que pudo convertirse en apenas el vigesimoquinto juego perfecto en más de siglo y medio de historia de las Grandes Ligas.

Lo confieso: mi primera reacción fue de absoluta incredulidad. ¿Qué pasa por la mente de un manager para privar a un pitcher, a una afición, al mundo entero, de presenciar el vigesimoquinto juego perfecto en la historia de las Grandes Ligas? También me hice otra pregunta: ¿qué tendrá Eury Pérez en lugar de sangre para aceptar salir del montículo cuando tiene frente a sí la mayor oportunidad de su carrera, quizá de toda su vida?

Solo cuando dejé atrás el asombro pude comprender que tal vez juzgaba la decisión desde el lugar equivocado.

La temporada de debut de Eury Pérez confirmó en 2023 que era uno de los jóvenes lanzadores con mayor proyección del beisbol. Desafortunadamente una inflamación en la espalda baja lo envió a la lista de lesionados en septiembre y puso fin anticipado a su temporada de novato. Cuando parecía listo para regresar en 2024, un dolor en el codo derecho confirmó el peor de los diagnósticos: lesión del ligamento colateral cubital. Esas palabras tienen un solo significado: cirugía Tommy John. La rehabilitación lo mantuvo fuera durante toda la temporada 2024 y buena parte de la siguiente.

En mayo pasado volvió a la lista de lesionados, esta vez por una distensión muscular en el muslo derecho que lo detuvo por cuatro semanas. Cuando regresó en junio lo hizo bajo un estricto plan de recuperación: primero un límite de 68 lanzamientos, después 86 y finalmente un límite cercano a los noventa. Lo que nadie imaginó fue que esa tercera apertura terminaría convirtiéndose en una de siete entradas perfectas.

La incompleta joya de Pérez llegó en el mejor momento de la temporada para Miami. Con marca de 23 victorias y 8 derrotas en el último mes, los Marlins comparten el segundo lugar de su división a solo tres juegos del liderato.

En cuanto a la evolución de su carrera profesional, Pérez está próximo a su primer año de arbitraje salarial, esa etapa en la que los salarios comienzan a transformar la vida de un pelotero y su familia. Si logra mantenerse sano, los siguientes años podrían conducirlo hasta la agencia libre y a los contratos que cambian el destino económico de generaciones enteras. Insisto, si se mantiene sano.

Vista así, la salida de Eury Pérez en el séptimo inning de un juego hasta entonces perfecto deja de parecer absurda. Los Marlins renunciaron a la posibilidad de una hazaña histórica para proteger al lanzador sobre el que descansan buena parte de sus aspiraciones. Y Pérez dejó ir el sueño de todo lanzador entendiendo que, más importante que un juego perfecto, es la posibilidad de asegurar el futuro de su familia, así tuviera que renunciar a aquello que había soñado toda la vida, el logro más importante de su carrera, su momento de gloria. Eso… es negarse a sí mismo.

La Pelota es Redonda

Pero viene en caja cuadrada

Ver en La Revista Peninsular →
© 2026 La Revista Peninsular